Las frustraciones del bebé

Las frustraciones forman parte de la vida, y más a corta edad. El niño se siente capaz de afrontar muchas acciones con éxito y, cuando le negamos la posibilidad de intentarlo, se siente mal. Y todavía no entiende por qué unas veces se lo permitimos y otras no.

Cuando veamos a nuestro hijo abatido después de un reto o algún contratiempo, hay que hacerlo hablar y ayudarlo a expresar cómo se siente, acariciarlo, decirle que lo queremos. Y tenemos que hacerlo con frecuencia. No existe mejor remedio para la tristeza infantil, ni mejor vacuna para prevenirla en el futuro.

Y también hay que procurar que sus frustraciones sean las menos posibles. Por ejemplo, puede ser que se le pase su manía con el teléfono si, cuando le da por no dejarlo en paz, llamamos a papá o a la abuela. Esto le hará comprender que ese aparato cumple una función determinada, en la que él también puede participar.

No podemos renunciar a poner límites a nuestro hijo cuando lo creamos oportuno, porque terminaría convirtiéndose en un pequeño tirano.

Escrito por | 26 de enero de 2011 con 0 comentarios.
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