Las provocaciones de los niños a sus padres

En general la primera reacción a una provocación suele ser el enojo. Así no sería de extrañar que los padres, irritados, perdiesen el control y pegasen un grito o reprendiesen al niño. Pero ya nos podemos imaginar lo que ocurriría a continuación: el niño llora, tiene un berrinche, no hay manera de tranquilizarlo, los padres se enojan aún más o, por el contrario, se arrepienten… En suma, la tarde está definitivamente estropeada (y los invitados sin atender).

¿Cuál es la alternativa? ¿No debe aprender el niño que su madre y su padre no pueden estar siempre con él porque también tienen que hacer algunas otras cosas? ¿Y no hay que enseñarle también que no debe romper los platos adrede, manipular las llaves de la cocina, arrancar las plantas, etcétera?

Lo de los platos y las llaves de la cocina el niño ya lo sabe. En eso estriba precisamente la provocación. Si no supiera que no debe hacerlo, se trataría de un accidente o de un experimento, pero no de una provocación a sabiendas. El aprendizaje de que sus padres también deben atender otros asuntos va más lento. Todavía la necesidad de cercanía y atención es muy grande.

En definitiva, la mejor manera de reaccionar a las provocaciones es tomarlo en brazos y decirle: “Perdóname, casi te había olvidado con tanto trabajo que tengo. Ahora recogeremos esos trozos rotos y no lo volverás a hacer. Y después daremos un paseo”.

Escrito por | 6 de mayo de 2012 con 0 comentarios.
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