Las rabietas a los 2 años

La demanda de una mayor autonomía, el sentimiento de omnipotencia y la tendencia a decir a todo que no forman un cóctel explosivo. Inevitablemente, los deseos del pequeño chocan una y otra vez con las restricciones que imponen los padres, así como con sus propias limitaciones: a un niño de esta edad puede enfurecerlo tanto que le nieguen un helado como no conseguir desabrocharse la campera. Y el resultado suele ser un berrinche descomunal, que es la única manera que conoce para exteriorizar su desesperación al descubrir que el mundo no es como él creía, que no puede hacer todo lo que se le antoja.

A diferencia de los adultos, el niño de dos años es incapaz de aceptar las frustraciones. Para él todo es blanco o negro, sus lemas son “todo o nada”, “ahora o nunca”, y aún tiene que aprender a aceptar, transigir, esperar y renunciar.

Los padres pueden ayudar mucho a su hijo en este proceso de aprendizaje. Por una parte, es importante que fomenten su deseo de ser independiente, estableciendo al mismo tiempo algunos límites claros y precisos que le sirvan de orientación y le indiquen hasta dónde puede llegar.

Por otra parte, tienen que enseñarle que gritar, patalear y golpear no son medios adecuados para conseguir las cosas. Y esto es algo que pueden inculcarle con su ejemplo, tratando de guardar la calma y evitando proferir gritos y amenazas cuando su hijo sufre una pataleta.

Escrito por | 13 de febrero de 2011 con 0 comentarios.
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