Las sabias enseñanzas de nuestras abuelas…

El tiempo pasa rápido. Si así ocurrió con mi primer hijo hoy siento que se me escurre de las manos con el segundo. Y así es como he aprendido a disfrutar de un día de sol en el barrio, de caminar a la plaza, de recorrer las calles junto a mi bebé y de las gracias de mi niño mayor. De disfrutarlos y aprovecharlos. Más que nunca.

Combinar el trabajo con los hijos no es fácil. Para nadie. Pero lo más sorprendente es como nosotras mismas cambiamos a medida que transitamos el camino de la maternidad. Madres trabajadoras que al momento de regresar a sus trabajos se replantean la vida, mujeres que se cuestionan los horarios y renuncian a una buena remuneración para pasar más horas en casa, el fin de una licencia que se transforma en pesar… o en vergonzosa sensación de liberación. Esto también ocurre.

Hay infinidad de casos como infinidad de madres, y creo que el peor error es juzgar las diferentes elecciones. A lo largo de mi experiencia personal he aprendido a conocer los secretos de esta etapa sin horarios ni rutinas pautadas. Y con el tiempo he conseguido hacerme amiga de esta nueva vida. El comienzo no fue fácil, como suele ocurrir con las experiencias nuevas, pero una vez entregada a la aventura he descubierto una parte de mi que desconocía, intereses nuevos que nacen al calor de los hijos y un deseo profundo de encontrar el equilibrio entre mis aspiraciones personales y mi maternidad. Más tiempo con mis hijos, más aventuras cotidianas, mayor disfrute de su compañía diaria, de la mía con ellos. En fin, más todo junto a ellos. Y también una vuelta de tuerca para continuar con mis proyectos personales, seguir trabajando pero menos, crecer como persona, por dentro y por fuera, pensar con claridad y sin llantos de por medio, retomar conversaciones que tenía hasta no hace tanto, recuperar espacios. Ganar libertades.

Por el momento, combino largas horas con mi bebé de 5 meses y un sinfin de conversaciones con mi niño pequeño de 3 años con un trabajo desde mi hogar que me insume algunas horas frente al ordenador. Una ecuación que me regala algo de dinero –no demasiado- y la oportunidad de estar presente. Tengo un marido de ensueño que no sólo me ayuda sino que disfruta tanto como yo del oficio de ser padre y me acompaña, me suplanta cuando es necesario y me incentiva para seguir creciendo. En todos los sentidos posibles.

Y así es como además he regresado a la universidad por una apuesta mayor, otro título que me abrirá nuevas puertas para trabajar con mayor libertad en esta segunda vida que me regala la vida. Una tierra de oportunidades por descubrir. Como diría Serrat, hay que hacerse camino al andar, como se puede y a fuerza de ensayo y error. En eso estoy…

Así que bien, creo que sólo se trata de tender puentes de solidaridad, con nosotras mismas y con nuestras amigas madres. De generar empatía con nuestras pares. Con las madres desconocidas y con todas aquéllas que se sumergen en la aventura de la maternidad para descubrir que, después de todo, nuestras abuelas tenían toda la razón: sólo se aprende a ser madre durante el proceso. A derribar culpas por sobre todo, para entonces aprovechar este momento tan único en la vida de una mujer, tan especial y tan humanamente arrollador, instintivo en toda su paleta de colores y sensaciones, dulce y agridulce al mismo tiempo pero pleno por sobre todas las cosas. Para transformarnos y retransformarnos. Y así aprender y crecer. Siempre.

Escrito por | 10 de septiembre de 2013 con 0 comentarios.
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