Las secuelas emocionales del parto

Toda la situación angustiante que atraviesa el bebé en el parto,  no resulta traumática ya que, en condiciones normales, es fácil y totalmente superada después del parto, mediante el contacto con la madre. Todos lloramos al nacer y no por eso tenemos una vida llena de miedos por delante. Lo que sucede es que la naturaleza ha previsto el displacer en el acto de nacer, más aun, lo ha programado para que podamos superar la crisis sin problemas. Para eso ha diseñado un esquema reparador de la angustia del nacimiento: el contacto precoz, temprano, inmediato de la madre con su hijo.

Este sencillo mecanismo, del cual gozan todos los mamíferos, es la mejor profilaxis ante la situación traumática. No es pretensión de esta idea afirmar que el momento de nacer es el único que determina nuestra orientación emocional en el mundo. Existen sucesos que, unidos como eslabones, ejercen influencia decisiva en los rasgos de la personalidad, de manera que el adulto es la resultante de toda una historia previa, pero esa historia comienza al nacer. Este es el primer eslabón de una cadena sobre la cual se asentará el vinculo madre-hijo, y sobre éste, la estructuración de la familia.

Es cierto que posteriormente, en la vida, existirán infinitas variables que influirán en la conducta, pero no es lo mismo enfrentarse a estímulos negativos gozando al máximo de la plenitud de las defensas psíquicas o emocionales, que hacerlo desde una condición de minusvalía. Un niño que ha crecido rodeado del cariño de sus padres y del afecto del núcleo familar, dispondrá al máximo de su plenitud. Un padre que ha podido participar del nacimiento de su hijo no sólo sabrá que es suyo sino que, además, lo sentirá vivencialmente como propio.

Escrito por | 28 de febrero de 2011 con 0 comentarios.
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