Las toxemias en el embarazo

Suelen presentarse a partir del séptimo mes y existen dos variantes, frecuentemente ligadas entre sí: la edematosa (con retención de líquidos) y la hipertensiva (cuando aumenta la presión arterial). Manifestación tardía de los fenómenos autoinmunes que afectan al embarazo (síndrome fosfolipídico), son verdaderas “intoxicaciones” de la gestación. El organismo no tolera la sobrecarga que ésta presenta y responde en forma patológica reteniendo líquidos o aumentando la presión arterial.

Oportunamente diagnosticadas y bien tratadas, por lo general permiten el desarrollo normal de embarazo y el crecimiento del bebé. Descontroladas, pueden retrasar el crecimiento intrauterino y complicarse en una preeclampsia o, peor aún, en una eclampsia, cuadro severo de elevada presión arterial con posibilidad de muerte materna y fetal.

El reposo es  la base fundamental para el tratamiento de estos males, caracterizados por cambios en los dosajes sanguíneos y la presencia de proteínas en la orina. Se suelen administrar, además, fármacos hipotensores y muy ocasionalmente algún diurético suave, algo desaconsejado por la mayoría de los obstetras. Debe reducirse (no del todo) la ingesta de sal y procurar estar recostada más de la mitad del día.

Bien tratada, la mayoría de las toxemias cursa sin demasiadas alternativas y es posible el parto natural de término. En casos más severos se impone la interrupción precoz del embarazo, a veces mediante una cesárea.

Escrito por | 7 de julio de 2010 con 0 comentarios.
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