Los 3 años, una edad mágica

A los 3 y 4 años de edad, los niños todavía no distinguen bien entre realidad y fantasía. Artilugios tan cotidianos como el control remoto de la televisión, el celular o las puertas que desaparecen justo cuando pisan el umbral son para ellos acontecimientos absolutamente mágicos. Con sólo pulsar un botón ven que la pantalla se transforma, hablan con papá a kilómetros de distancia o (¿quién se encargará de hacerlo?) unas enormes puertas de cristal se abren de par en par.

¿Qué tiene de extraño? Ni siquiera los adultos podríamos explicar con propiedad cómo transcurren todos esos procesos. Es lógico, entonces, que a un chiquito le parezca sacado del cuento de Alí babá y los cuarenta ladrones.

En los niños, el pensamiento mágico posee un doble origen. Se explica, por una parte, por la confusión que tienen entre su pensamiento y las cosas del afuera; es decir, su propia persona y el mundo exterior. Y por otro lado, gracias a un fenómeno de tipo social: la capacidad de provocar en los demás una satisfacción casi inmediata a sus deseos. Dicho de otra forma, el egocentrismo característico de sus tiempos de bebé aún no los ha abandonado del todo.

Desde siempre y de manera espontánea, los padres tratan de satisfacer constantemente todas sus necesidades (alimento, sueño, juego, mimos. ..). Esta actitud natural, y adecuada, de los padres va creando en el pequeño la sensación de que sus deseos son órdenes… De ahí, los hábitos mágicos de mando que cree tener sobre los objetos. Y en más de una ocasión le hemos echado la culpa a un mueble cuando se choca con él y se hace daño (“¿Será tonta esta mesa?”), o hablamos con sus muñecos para convencerlo de algo (“Minnie dice que quiere tomar un bañito”).

No es raro, entonces, que a esta edad aún se sientan como un pequeño gran jefe que ordena y manda sobre el mundo que los rodea. Ordenan a las nubes que se vayan (hoy toca excursión; que emigren a otros parajes a aguar la fiesta); preparan humeantes cafés en sus tacitas de juguete (“¿Quién quiere? Está muy rico”) o anuncian a su Tele-tubby que ya es hora de irse a la cama (“Mañana hay colé, a dormir…”). El juego simbólico, la facultad para asumir la personalidad de los seres más cercanos, empieza a ocupar un lugar destacado en su vida, y es bueno que así sea.

Escrito por | 13 de abril de 2011 con 0 comentarios.
Etiquetas: , , , ,
Lee más artículos sobre Primeros años

Artículos relacionados

Aún no hay comentarios. Sé el primero.

Deja una respuesta