Los bebés en la pileta

Se ha comprobado que en los últimos 20 años ha habido un verdadero “boom” en el mundo de las actividades acuáticas de los bebés. Con modalidades particulares, las familias de muy distintas latitudes concurren hoy en día a los programas de natación que se ofrecen para los más pequeños en clubes, escuelas y lugares de esparcimiento.

El solo hecho de poder despojarse de la ropa (incómodas barreras que separan a padres e hijos) es ya empezar a disfrutar. Sin embargo, eso no es todo. Hay otros objetivos igualmente importantes que pueden alcanzarse de un modo natural y placentero.

La idea de compartir el agua con otros (sobre todo si es cálida) provoca cuestionamientos acerca de la conveniencia de bañar al bebé muy pequeño en una pileta compartida. Esta es una preocupación para nada desdeñable. Se sabe que si el agua no está debidamente controlada en cuanto a su purificación y examen bacteriológico es muy posible que haya contagios e infecciones.

Por eso, es elemental controlar el estado del agua antes de iniciar cualquier programa acuático que incluya a los bebés. Con estas condiciones aseguradas, los pequeños deben cumplir el requisito de madurez que se hace evidente con la caída del cordón umbilical.

La autorización del médico pediatra y las vacunas al día, unidas a las ganas de jugar de papá y mamá completan el cuadro que les permite comenzar.

Escrito por | 23 de enero de 2011 con 0 comentarios.
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