Los niños de visita

De los niños se espera que saluden a las visitas, se dejen besar y den las gracias cuando alguien les trae un regalo. “Es lo mínimo…”, piensan muchos padres. Sin embargo, hay que matizar. A los niños pequeños, digamos hasta los tres o cuatro años, las visitas formales les dan totalmente igual. Más bien son un estorbo. Aun así podemos tratar de inculcarles suavemente la conveniencia de saludar a estas personas. Pero no necesariamente con besos y abrazos.

Cada niño debería poder decidir por sí mismo la dosis de efusividad que quiere invertir en un saludo. Besará con entusiasmo a la tía a la que quiere de veras, pero se cerrará como una tortuga ante aquellos que le inspiran desconfianza. Se trata de un mecanismo de protección que los padres tenemos que respetar.

Sin embargo, de los niños mayores de seis años se puede esperar un comportamiento razonablemente amable para con las visitas de sus padres. Si son ellos los que abren la puerta, y más si conocen a los visitantes, en vez de correr a avisar a los padres, los saludarán, les pedirán que pasen y les ofrecerán asiento. Otros chicos pecan de lo contrarío: durante toda la visita no se mueven del living o entran a cada rato interrumpiendo la conversación.

No conviene retarlos delante de las visitas, esto hiere su dignidad y sería una falta de educación por nuestra parte. Es mejor explicarles antes qué comportamiento esperamos de ellos y dialogar después sobre cómo lo han logrado.

Escrito por | 11 de septiembre de 2011 con 0 comentarios.
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