Los niños y su mundo mágico

La llegada de los Reyes Magos, la visita del ratoncito de los dientes o pedir un deseo al soplar las velitas en su cumple son creencias que les enseñamos desde chiquititos y forman parte de nuestra cultura. Son acontecimientos maravillosos que les ofrecen el mejor regalo que podemos dar a un niño: recuerdos felices.

Si los observamos en el tiempo, apreciaremos cómo los pensamientos mágicos de los niños van evolucionando y haciéndose más complejos. Por lo general, los acompañan de preguntas que nos pondrán sus inquietudes en bandeja: “¿Los lobos existen?, ¿y los ogros?”…

Brujas y fantasmas suelen ser sus favoritos, pero todo tiene cabida en su universo. Es posible que les dé por pensar que pueden modificar el tiempo a su antojo (“Poneme la campera: hoy va a llover”) o que se relacionen con los muebles de casa como si fueran amigos de toda la vida (“Chau, mesita, hoy comemos en un restaurante”).

Seguir la pista de su pensamiento es una buena manera de sacar partido a esta etapa. Porque a medida que empiecen a hacerse preguntas irán descubriendo que algunas cosas no son como ellos pensaban, y aprenderán a ordenar el mundo y entenderlo.

Su fascinación por la magia con frecuencia se encuentra entre un convencimiento real y una especie de juego que llevan a cabo por diversión. Les encanta convertirse en sus héroes favoritos, jugar a tener superpoderes, ser invisibles. .. Ellos saben que sólo están jugando, pero se meten tanto en el papel que a veces se confunden. Sería comparable a cuando vamos al cine y nos metemos de lleno en la película.

Ponerle nombre y adjudicar una personalidad concreta a sus muñecos es un ejemplo más de cómo su peculiar visión de las cosas puede convertir una tarde aburrida en una fiesta con un montón de ositos a los que ha transformado en aplicados alumnos (él es el maestro, claro).

Escrito por | 19 de abril de 2011 con 0 comentarios.
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