Los padres y los límites

Que los padres sean consecuentes con los límites que ponen a su hijo es premisa imprescindible para que él se atenga a ellos. Si un día le dejan arrancar las hojas del ficus y al día siguiente no se lo permiten, el niño se siente confundido. Es necesario ser coherentes si queremos que interiorice la regla.

Cuando los padres pasan por alto las prohibiciones unas veces sí y otras no, él percibe que ha hecho algo mal, pero no sabe qué. Esto genera inseguridad y dificulta el aprendizaje: el pequeño no aprende la norma, ya que piensa que en realidad no hay norma. Además, los niños enseguida se dan cuenta de las contradicciones de sus padres y las aprovechan para incumplir las reglas, ya que ven que son inconsistentes.

Asimismo, para prohibir con eficacia, es preciso ser convincentes, en otras palabras, evitar decir no con cara de decir sí (por mucho que a veces nos diviertan sus ocurrencias). Tenemos que acompañar la palabra con el tono y el gesto. El pequeño es muy sensible a la comunicación no verbal, ya que es la única que entendía hasta hace muy poco tiempo.

También es fundamental que el papá y la mamá estén de acuerdo en los límites establecidos. Es natural que haya discrepancias, pero debemos evitar discutir delante de el pequeño sobre la validez de las normas. Para él significaría que las normas son arbitrarias.

No es fácil mantener la calma cuando un niño, haciendo oídos sordos a nuestras prohibiciones, se obstina en seguir golpeando con su camión-grua la pantalla del televisor, tirar por la terraza sus zapatos o meter los deditos en el plato de lentejas de mamá. Pese a todo, debemos intentar contenernos. Ni los gritos ni las amenazas sirven de nada.

Escrito por | 7 de diciembre de 2011 con 0 comentarios.
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