Los primeros dibujos

El pequeño hace correr uno de los elementos que encuentre para pintar por cualquier superficie, lo prueba con todo, lo mastica, lo rompe, se lo pega a un compañero, y goza con la experiencia. Entonces, ya es hora de encauzar su ocupación y darle una hoja. Se comprueba así cómo disfruta con sus propios movimientos: comienza lenta y rápidamente, escapa a los límites del papel, cruza trazos, aprieta más o menos el lápiz. Y cuando se trata de mezclar rayas, ellas son generalmente circulares. Esta es la forma más experimentada y vivida desde su formación en el vientre materno; está familiarizado con lo circular, es parte de él.

Cuando el chico ha expresado lo suficiente su etapa “circular”, comienza a experimentar choques y cruces de líneas rectas que conducen a la forma cuadrada. Es una manera de revivir sus choques con el mundo exterior. A esta altura, su imaginación está bastante estimulada por la aventura de crear figuras, y comienza a darles nombres a sus trazos y a contar historias. “Ese es un gato y toma leche”. “Esta es una vaca, tiene frío y llora”.

Atención a este tramo: si los adultos vemos que esa maraña de líneas no se parece en nada a un gato o a una vaca nos quedamos pensando que sólo está en su imaginación, y se lo decimos. Ahí cometemos el primer error. Lo invadimos con nuestra experiencia adulta y no respetamos su mundo, inalcanzable para nosotros.

Pero si además le dibujamos un modelo que a nuestro entender es el que está “bien”, caemos en el segundo de los errores. Es que no sólo no valorizamos su imaginación, sino que lo obligamos a seguir una forma difícil de reproducir porque no surgió de él. Lo más probable es que se someta, trate de hacerlo y se disguste porque no le salió igual. Tal vez sienta que su dibujo no gustó, y así irá ganando inseguridad y perdiendo capacidad y ganas. Y hasta puede ocurrir que sus trabajos posteriores sean cada vez más pequeños, para que los adultos no puedan “meterse” en ellos.

Escrito por | 31 de diciembre de 2009 con 1 comentario.
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Comentarios

  1. Cuando empiezan a dibujar - Crece Bebe - 24 de julio de 2010 | 8:02

    […] También le encantan los colores, pero los utiliza a su antojo sin ceñirse para nada a la realidad.  A partir del año y medio empieza lo que se conoce como la etapa del “garabato”: líneas desordenadas e inconexas, con las que descubre la relación entre el movimiento de sus manos y los dibujos. […]

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