Madres y bebés egoístas

Los bebés son egoístas. Buscan la satisfacción de sus necesidades... su placer. Si se sienten mejor con su madre, harán todo lo posible para estar con ella el mayor tiempo posible. Y cuando se ausenta, sufren. “Siempre que me voy de viaje, mi hija padece algún catarro o diarrea”, comenta Pilar. La niña echa de menos a su madre y bajan las defensas de su organismo.

Los niños han de aprender a sobrellevar las ausencias de su madre so-pena de convertirse en enmadrados, timoratos y poco abiertos hacia los demás. Además, han de saber que cuando ella se va, vuelve. Si no se va nunca… ¿cómo pueden comprobarlo? Éste no es un asunto menor. Gracias a la ausencia, el niño empieza a elaborar la imagen mental de su madre. Un paso importante que le ayudará a diferenciarse de ella, a sentirse una persona con yo propio.

De sobrevivir gracias a los constantes cuidados de su madre, de no tener conciencia de su individualidad, el bebé de un año pasa a comportarse como una personita. No solamente empieza a caminar, sino a comer de todo. También a hablar. Sigue siendo un ser muy dependiente pero sus horizontes se amplían. En la mayoría de los casos, ha vivido ya una importante separación de su madre: el destete.

A partir de los dos años, está preparado para captar situaciones cada vez más complejas. Empieza a expresarse y a relacionarse con los demás.

Es una personita que habla de sí mismo, se afirma, niega… Ha llegado el momento de romper esa relación tan exclusiva con su madre. Y quien ha de separar a la madre de su hijo es el padre.

Para que un niño pueda crecer armónicamente, para que su mente se estructure adecuadamente, para que se sienta seguro de sí mismo y de los demás, tiene que sentir que su padre, su madre y él forman un triángulo fuertemente unido que nadie ni nada puede romper. Aunque, los padres se separen, el triángulo debe seguir, pues ellos dejarán de ser amantes, dejarán de convivir… Dejarán atrás muchas cosas pero seguirán siendo sus padres. Aunque nazcan otros hijos. Ellos formarán su propio triángulo. Cada niño tiene el suyo… único, intransferible, distinto.

Una madre que mantiene con su hijo una relación excluyente más allá de los 2 años… ¿es posesiva? Sin lugar a duda, sí lo es. Y esta actitud es peligrosa.

Escrito por | 23 de agosto de 2011 con 0 comentarios.
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