Mal acostumbrar a los niños con regalos

Si hemos acostumbrado a nuestros hijos a llevarles algo cada vez que volvemos a casa del trabajo, de las compras o cuando los vamos a buscar al colegio, nos resultará desalentador volver con las manos vacías, aunque sólo sea en casos aislados.

A los niños les encanta recibir. Su ideal de vida sería vivir en Navidad todo el año. Pero, claro, esto es imposible y, aunque fuéramos millonarios (que no suele ser un caso que abunde), resultaría perjudicial para su futuro desarrollo como seres humanos.

Los niños sólo se acostumbran a lo que los padres quieren que lo hagan. Si saben que nuestro regreso lleva implícito la adquisición de un objeto (juguete o comestible), nos veremos en la obligación de comprarles algo siempre, pase lo que pase. Y con eso, corremos el riesgo de que nuestros angelitos se interesen más por su regalo diario que por nosotros, nos recordarán antes de salir que esperan un obsequio y, sobre todo, cada vez querrán más y más. Además, lograremos así que los chicos pierdan la ilusión por los regalos.

A Bárbara le produjo una enorme alegría cuando su mamá le regaló un sencillo juego de construcciones. Ella la vio tan entusiasmada y feliz armando y destruyendo casitas que a los dos días le compró uno mucho más complejo y con actividades múltiples. Al entregárselo, su decepción fue tremenda, la nena no le dio importancia. Ya no era un regalo novedoso…

En nuestras manos está su educación, por lo tanto, asumámosla con plena responsabilidad. El afán de poseer cosas es una característica del ser humano y conviene que los padres enseñemos a nuestros hijos el equilibrio entre el deseo y la realidad. Es fundamental que aprendamos a decirles no cuando sea preciso, ya que la negación es necesaria para su maduración personal. Las frustraciones también forman parte del aprendizaje de la vida.

Escrito por | 24 de abril de 2012 con 0 comentarios.
Lee más artículos sobre Sin categoría

Random Posts

Aún no hay comentarios. Sé el primero.

Deja una respuesta