No impedir que se chupe el dedo

Muchos padres se preguntan hasta cuándo van a seguir con esa costumbre de chuparse el dedo. Por lo general, los menores de cuatro años que ya han dejado de chupar se consideran una excepción. Incluso es normal que niños en edad escolar sigan metiéndose de vez en cuando el pulgar en la boca, sobre todo cuando están nerviosos, o que se abracen a un trapito para conciliar el sueño.

Evidentemente, si a ciertas edades están demasiado aficionados a ello, tendremos que pararnos a pensar si esta conducta no estará escondiendo algún problema. Quizás, ese dedo nos está poniendo sobre la pista de algo que no funciona como debiera (falta de afecto, tristeza, miedos…)

Existen muchas ocasiones difíciles durante la infancia en las que chupar un trapo, muñeco, dedo… es un auténtico sedante. Por ejemplo, el nacimiento de un hermanito hace que un niño, que ya había dejado de chuparse el dedo, vuelva a ello con más intensidad todavía. Ahora, puede ser que convertirse en el más grande, aunque por un lado esté orgulloso de serlo, lo haga sentirse engañado y poco querido por sus padres. Es posible que crea que sus mayores van a volcar toda su atención y todo su cariño en el “nuevo”.

Chupando, quiere dar a entender a los padres que él también es pequeño, como el bebé que acaba de irrumpir en su hogar, y necesita mimos y atención. La mayoría de los padres lo captan enseguida y hacen todo lo posible para prestar un trato especial a su hijo y demostrarle que no se han olvidado de él, que lo siguen queriendo igual. De todos modos, por más comprensivo que se sea con el niño, habrá ratos en los cuales no podrá pasar sin su dedo, su trapito o el chupete.

Escrito por | 5 de marzo de 2011 con 0 comentarios.
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