Noches movidas para el bebé

Los padres siempre  intentan acostar al niño en una posición cómoda y natural: la cabeza sobre la almohada y los pies al final de la cuna. Pero a medida que pasan las horas es probable que empiece a girar sobre sí mismo. Por la mañana se encuentran las sábanas arrugadas en una esquina y el niño, en la otra, completamente desabrigado.

Para comprender por qué los niños se mueven tanto, es necesario explicar algunas similitudes que existen entre el sueño infantil y el adulto.

Cuando los mayores pasamos del sueño profundo al superficial, nos despertamos durante unos brevísimos momentos. Son unos instantes tan cortos que los expertos los denominan microdespertares. Generalmente, ni siquiera el propio sujeto es capaz de recordarlo por la mañana.

La mente aprovecha estos microdespertares para cambiar de postura o confirmar el lugar en que estamos acostados. En otras ocasiones, en realidad, las menos, nos despabilamos casi del todo para ir al baño o beber un vaso de agua. Al regresar a la cama, nos volvemos a dormir.

A los niños les ocurre lo mismo. En ese lapso entre el sueño profundo y el liviano se despiertan durante unos milisegundos, dan media vuelta y continúan durmiendo. Pero los niños, a diferencia de los adultos, pueden girar varias veces por completo, y no se considera anómalo.

Escrito por | 26 de junio de 2012 con 0 comentarios.
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