Nos despierta llorando

“Tenemos una hija de dos años y medio que siempre ha dormido de maravilla, incluso siendo un bebé, pero últimamente no hace más que despertarse por la noche llorando o llamándonos a uno de los dos. Es un poco desesperante, porque no paramos de levantarnos y a veces por cansancio la dejamos que se venga a nuestra cama, donde se duerme inmediatamente. Hemos leído que esto no es bueno y, por otra parte, tampoco es solución, porque nosotros tampoco descansamos bien. Nos gustaría saber por qué pasa esto y qué podemos hacer”

Lo que le pasa a vuestra hija es muy normal. A esta edad los niños son como una esponja que todo lo absorbe. No quieren perderse nada y su ritmo de actividad es muy rápido, entienden ya muchas de las cosas que pasan, pero otras les resultan todavía incomprensibles y no saben muy bien cómo o dónde encajarlas. Todavía no son capaces de asimilar toda la infinidad de experiencias e impresiones que vive a lo largo del día… y por la noche su pequeña cabeza no deja de funcionar, recordando y tratando de ordenar todo lo que ha pasado. Y hay sueños que les asustan o sobresaltan dando lugar, o bien a que lloren y gimoteen dormidos, o bien a que se despierten con miedo llamando a sus padres.

En ambos casos necesitan que papá o mamá acudan a su lado y les tranquilicen con caricias, un canturreo o susurros. Si están dormidos eso será suficiente, pero si se han despertado… eso es otra cosa. Entonces habrá que quedarse un rato a su lado, hasta que vuelvan a conciliar el sueño (por desgracia, un sueño a menudo muy ligero, especialmente a partir de las 4 o las 5 de la madrugada, cuando ya han dormido unas cuantas horas).

Hay algunos pequeños trucos que pueden ayudar bastante: darles algo de beber, agua o un poco de leche tibia, pues eso siempre relaja; dejar encendida una luz tenue, indirecta, por ejemplo la del baño con la puerta entornada o una comprada para tal efecto; no darles conversación ni jugar, hablarles bajito y no encender luces fuertes, para que sepan que todavía es de noche y hay que seguir durmiendo; poner en sus brazos su peluche o muñeco preferido, para que se sientan seguros y acompañados. Finalmente, hay que tener paciencia, porque lo cierto es que los miedos nocturnos desaparecen tan de improviso como aparecen, lo que nunca se sabe es lo que pueden durar…

En cuanto a lo de meterse en vuestra cama… a veces es inevitable, pero procurad que no se convierta en una costumbre. Para ello es esencial que la niña se duerma siempre en su propia cama, que la identifique con el sueño, después de seguir un ritual relajante y compartido (por ejemplo: baño, cena, cuento y dormir).

Escrito por | 22 de agosto de 2011 con 0 comentarios.
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