Nuestros hijos a los siete años

Cumplidos los siete años,  nuestros pequeños ya no nos reclaman para todo. Ahora se valen por sí mismos en muchas cosas, empiezan a desarrollar aficiones y hasta opiniones propias, y las relaciones con sus iguales cobran cada vez más importancia. Es bueno que ya no dependan tanto de nosotros. Sin embargo, nos equivocaremos gravemente si respondemos a esa mayor independencia aflojando nuestra relación con ellos.

¿Por qué sentimos tantas veces que nuestros hijos “se nos escapan” cuando llegan a la adolescencia? La clave está, muy a menudo, en estos años intermedios. Si durante esta etapa no seguimos cultivando nuestra relación con ellos, quiza mas tarde no podamos recuperar el tiempo perdido. Pero, si acertamos a hacerlo, habremos creado un fuerte vínculo que resistirá los temporales inevitables de la adolescencia.

Cómo alcanzar una buena comunicación

En primer lugar, proponiéndonoslo seria y conscientemente. Se trata de crear las condiciones para que la comunicación se dé espontáneamente y no pierdan la confianza en nosotros. Por ejemplo, conociendo y compartiendo sus aficiones, al menos en cierta medida.

Si les apasiona el fútbol, no sería muy hábil por nuestra parte decirles algo como: “¿Y a mí qué me importa quién es ese Ignacio?”. Después, cuando queramos que nos cuenten algo realmente importante, no nos extrañe si se cierran y se niegan a hablar.

En el caso de que empiecen a mostrar debilidad por el rock, no los miremos con suficiencia pensando en Pavarotti. No tenemos por qué fingir que nuestros gustos coinciden, pero sí mostrar interés y aprovechar para actualizar nuestra cultura musical contemporánea (a ellos les encantará contarnos acerca de ese tema).

Escrito por | 7 de mayo de 2012 con 0 comentarios.
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