Pasear con el niño en la mochila

Al salir de paseo en la mochila, el niño está a la altura del adulto: también esto tiene su importancia. En efecto, no olvidemos que el niño está acostumbrado a vivir en un mundo de “gigantes”, porque así, en definitiva, es como nos ve. “Gigantes” más o menos afectuosos, pero siempre como miembros de un mundo de “enormes” dimensiones, al que el niño teme. Cuando, por el contrario, viaja en la mochila, pegado a la espalda de su padre o de su madre, desaparece esa desagradable inferioridad.

En algunos casos, incluso, el niño se siente más alto que los mismos adultos. Y ésta es una sensación indudablemente gratificante, que suele tranquilizarlo.

Cuando el niño es un poco mayor, o simplemente si no queréis aguantar su peso en los hombros, podéis recurrir al cochecito. Los hay de varios tipos: sólo se plantea la duda de la elección.  Además, algunos cochecitos tienen la doble posibilidad de llevar al niño de cara a los padres o mirando hacia adelante. La ventaja del primer caso es que el sonido de vuestra voz. vuestra sonrisa, el modo de mirarlo lo tranquilizan: también le evitáis encontrarse solo con respecto a aquello a lo que se enfrenta.

Escrito por | 23 de septiembre de 2011 con 0 comentarios.
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