Ponerse de pie

Para ponerse de pie, los niños no necesitan un programa especial de entrenamiento. Ellos saben, mejor que nadie, como alcanzar su meta. Así que, silenciosamente y durante los primeros ocho o nueve meses de vida, se preparan a conciencia, sin prisa, pero aprovechando cada nuevo gesto que consiguen realizar.

Los padres fascinados observan sus avances a lo largo de el decisivo primer año. Al principio, los bebés permanecen tumbados y medio encorvados. El peso del cuerpo descansa sobre la mejilla, el pecho y las piernas. Pero a los tres o cuatro meses, cambian de postura y ya son capaces de desplazar sus brazos hacia adelante y de apoyarse sobre antebrazos y cadera.

Por otra parte, a los tres meses aproximadamente, los bebés se llevan ambas manos a la cara y, además, intentan encoger y a la vez alzar las piernas para acercarlas un poquitito más al cuerpo.

Alrededor de los cuatro meses someten sus piernas a un entrenamiento muy intensivo: las abren de par en par, las giran hacia afuera, las flexionan… Ahora es cuando, estando boca arriba, ya logran darse media vuelta para ponerse de costado.

Cuando tienen cinco o seis meses, agarran las piernas con las manos y las llevan hacia la cara. Es un excelente ejercicio para estirar las lumbares y reforzar la musculatura, tanto de la espalda como del abdomen.

Más o menos por esta época, pueden estirar completamente sus brazos. Y si éstos y sus piernas responden, comenzarán a hacer fuerza para desplazarse.

Escrito por | 1 de noviembre de 2011 con 0 comentarios.
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