Qué hacer con las rabietas

Hasta los 3 o 4 años el niño puede sufrir una rabieta. Y esto sucede, habitualmente cuando están cansados, tienen hambre así como ante la frustración o la negación de los adultos a cumplirles un capricho. Lo importante y que hay que tener en cuenta es la fragilidad infantil y la facilidad que tienen para descontrolarse. Cuanto más pequeño es el niño resulta más fácil que el mismo se descontrole debido al estado de desesperación que, inclusive lo lleva a olvidar qué le provocó el berrinche.

Claro que hay etapas y diferencias en los berrinches. Al año de vida el pequeño puede descontrolarse por el simple hecho de que su madre salga de la casa y él sienta que su mamá desapareció. El no llora porque su mamá se fue sino porque desapareció. Lo mismo le puede ocurrir cuando le sacan un juguete él no podrá entender que se le devolverá. Lo sentirá como ausente, desaparecido.

En general, estas rabietas terminan con el niño agotado y dormido y aunque le ofrezcan lo que provocó la rabieta, seguro lo rechazará y preferirá seguir en el regazo de su mamá. La etapa álgida es la de los dos y tres años. Ahí el niño ejerce el privilegio de decir “NO”. Incluso puede ocurrir que el niño diga que no a lo que le ofrecen y, al mismo tiempo, estire la mano para recibirlo. Aunque sus rabietas nos molesten debemos entender que esta etapa es la de la afirmación y la autonomía. Y coincide con la posibilidad de emplear el yo y el tú. En esta etapa valdría entender que no hay que ejercer una pulseada para demostrar quién es la autoridad porque la consecuencia es la de una mayor rebeldía.

Escrito por | 30 de septiembre de 2011 con 0 comentarios.
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