Recibir al bebé en el parto

Desde hace un par de décadas la ciencia comienza a sospechar que es verosímil lo que las madres siempre habían presentido: que los bebés tienen en el momento de nacer (y unas semanas antes, también) ciertas habilidades y capacidades sorprendentes. Y pueden sentir y darse cuenta de cómo se los trata.  Esta es una afirmación intuitiva, que no puede demostrarse por medios científicos. Es difícil saber si son reflejos o sentimientos, aunque es preferible inclinarse por estos últimos para procurarle el máximo bienestar.

Algo que en su opinión comienza a pasar, ya que no en vano hoy en día se trata al bebé como paciente. Puede parecer sólo un matiz, pero tiene su importancia: cuando tratamos embarazadas, en realidad, tenemos dos pacientes: la madre y el hijo.

Lo que sí está claro es que los recién nacidos oyen y ven, reconocen a sus padres en poco tiempo, su piel es sensible y nacen con sentido del tacto. Pero, además, conocen ya algunos sentimientos básicos como la alegría, la tristeza, el miedo o el enojo, y dominan la mímica para expresarlos.

El médico francés Frederick Leboyer, que al principio no era tomado en serio, fue el primero en exigir un recibimiento más delicado para el recién nacido. Fue un pionero en las técnicas de nacimiento más humanizado, y el primero en emplear la semipenumbra y el silencio en la sala de partos.

Escrito por | 26 de octubre de 2011 con 0 comentarios.
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