Recomendaciones para tomar sol

El sol es un buen amigo siempre que no abusemos de su compañía. Tomado en pequeñas dosis (15 minutos diarios son suficientes), estimula la síntesis de vitamina D, previene el raquitismo en los niños, fortalece las defensas y favorece el buen humor.

La exposición al sol debe ser paulatina, empezando por cinco minutos para ir aumentando poco a poco. Y siempre habiendo aplicado sobre la piel un producto con alto factor de protección: bloqueo total para los niños, los adultos muy sensibles y los pelirrojos; más de 30 para personas con pieles claras; y de 20 en adelante para pieles más oscuras.

En el caso de los niños, los especialistas recomiendan seguir aplicando, durante todos los días de exposición al sol, factores de protección muy elevados. Su piel es más fina y sensible que la de los adultos y se quema con facilidad. Hasta los 20 años hay que extremar las precauciones porque, además del daño inmediato (la quemadura), el sol tiene efecto acumulativo que produce daños a largo plazo: envejecimiento, manchas, melanomas.

El mito de que la piel no se broncea si se usan cremas con alto factor de protección es falso. Lo que ocurre es que el bronceado se adquiere más lentamente, pero del día 13 al 21 (tiempo que tarda en llegar hasta la superficie de la piel toda la melanina fabricada), cada persona consigue el tono que puede, según sea el color natural de su piel. Aunque, eso sí, sin quemarse ni exponerse a daños irreversibles.

Protección básica

Las cremas protectoras hay que extenderlas antes de salir de casa y renovar la aplicación cada hora y después del baño, aunque sean resistentes al agua (waterproof). Se debe evitar la exposición durante las llamadas horas ardientes (cuando el sol es más peligroso) que van de las 11 a las 17. Y tener en cuenta que, por cada 300 metros sobre el nivel del mar, los rayos del sol queman un 4 por ciento más.

Los días nublados no hay que confiarse: los rayos UVB llegan hasta en un 90 por ciento y es más fácil quemarse, porque hace menos calor, que es la señal de peligro. Algo parecido sucede los días de viento, que además reseca la piel dejándola más expuesta a las quemaduras.

Es importante, al salir del agua, secarse con la toalla, porque las gotas actúan como lupas y pueden producir manchas y quemaduras. Y cuidado: los medicamentos, las colonias y los perfumes, y el contacto con el pasto originan reacciones fototóxicas: manchas, erupciones.

Escrito por | 9 de agosto de 2010 con 0 comentarios.
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