Riesgos de cambiar posición del feto


Puede tener más riesgos que una cesárea

La maniobra descrita, aparentemente tan sencilla, no siempre lo es tanto. Si las nalgas se han “encajado” en la pelvis, es muy difícil sacarlas. Cuestión distinta es modificar una posición oblicua cuando el feto no acaba de situar la cabeza. En ese caso, excepcionalmente, se puede intentar.

El tono de la musculatura uterina, particularmente de las primíparas (mujeres que dan a luz por primera vez), dificulta la posibilidad de mover al niño a una presentación absolutamente inversa. Los fármacos uteroinhibidores (que se administran para relajar los músculos y facilitar el giro) pueden tener efectos no deseables para la madre y el hijo, y su uso solamente se justifica en amenazas de parto prematuro. Hace años la versión externa se hacía para evitar los riesgos de una intervención.

Hoy la cesárea es muy segura y una maniobra tan drástica podría ser más arriesgada (desprendimiento de placenta y compresión del cordón son dos de las complicaciones posibles más peligrosas). Casi siempre existe un motivo que impulsa al feto a adoptar esa postura. Si hay una inserción baja de placenta, un cordón corto, una pelvis estrecha, una anomalía fetal…, lo recomendable es no manipular.

Escrito por | 18 de marzo de 2012 con 0 comentarios.
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