Rivalidad entre niños

Todos los niños rivalizan para ver quién es mejor o tiene más. ¿Debemos frenar su afán competitivo y enseñarles a compartir?

“Yo tengo mil chicles más que vos”, “Pero yo tengo un millón de chicles más que vos”, “Ja, entonces yo tengo un millón de millones de chicles más que vos”… Se ha dado la señal de salida y los dos niños compiten encarnizadamente, lanzándose la pelota verbal cada vez con más fuerza y menos sentido.

No nos alarmemos, su actitud es normal. Esta escena de competencia es un signo de normalidad. El niño está constituyendo su personalidad y su estima. Y para dicha construcción necesita compararse y medirse con otros. Es decir, si tiene un juguete, no mide el valor del juguete en sí mismo, precisa medirlo con sus semejantes. Desde que el niño nace, necesita a los demás como punto de referencia. Por un lado se mide en línea vertical en relación a los padres y, por otro, en línea horizontal con sus hermanos o amigos. En el plano horizontal es donde se producen las mayores rivalidades y peleas. En cambio, en relación a los adultos el niño se resigna a que el papá sea superior.

En realidad, los niños luchan para ganar el reconocimiento y el amor de la autoridad (los padres, los profesores…). Sin embargo, cuando dicen mi papá es más fuerte que el tuyo, aparece otro matiz. Es como si colocasen a los padres frente a una figura todavía superior. Poner a los padres en el pedestal es algo normal, por lo que todos los niños pasan en algún momentó.

A esta edad, los pequeños ya pueden empezar a compartir, cosa que resultaba prácticamente imposible antes de los cinco años. Podía ocurrir que el niño, bajo el estímulo de los padres o los maestros, compartiese una bolsa de caramelos. Pero ahora el niño se puede colocar en los zapatos del otro y sentir como él sin tener miedo de perder su lugar. Se produce lo que se llama “empatia” o identificación con el otro.

Escrito por | 3 de mayo de 2012 con 0 comentarios.
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