Se murió la mascota

Un animal doméstico puede proporcionar muchas e importantes enseñanzas a un niño. Una de ellas, la del afecto respeto a la vida en todas sus manifestaciones. Otra, la comprensión de la existencia.

Es natural que sufra cuando se muere la mascota. Es normal y no tenemos que asustarnos. No debemos privar a nuestro pequeño de un sentimiento tan necesario como lo es el duelo. Sólo es preciso ayudarlo a vivirlo y superarlo sanamente.

Para muchos niños, la muerte de su gato, perro, canario o hámster es su primera vivencia de una muerte cercana y pone una valiosa experiencia ante otras pérdidas que, inevitablemente, tendrán que afrontar en el futuro. No debemos inventar la historia de que el animal se ha escapado. Tendremos que explicarle, delicada pero abiertamente, lo que ha pasado y también aclararle que la mascota no volverá. Le producirá tristeza, y debemos ayudarlo a expresar sus sentimientos, ya que es esto lo que lo hará superar sanamente el mal trago. Tenemos que aceptar y comprender su dolor.

Habrá que consolarlo y asegurarle que su pena pasará. En estos momentos, necesita nuestro apoyo y ternura. Hay quitarle  cualquier sentimiento de culpa que pudiera albergar. También podemos aliviarle la tristeza ayudándolo a recordar los buenos y divertidos ratos pasados junto a su amigo. Evocar sus travesuras será el mejor homenaje y le permitirá superar este inevitable trance, que no debemos dramatizar, pero que hay que tratar con sinceridad.

Escrito por | 5 de junio de 2012 con 0 comentarios.
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