Una mirada comprensiva sobre la lactancia materna

Ni feminista a ultranza que considera la lactancia materna como una práctica ancestral y sin sentido ni talibán de la leche, que defiende la lactancia contra todos los pronósticos. Así me considero. Con cada uno de mis hijos he tenido una regla general: amamantar lo más posible… hasta donde me sea posible. Es cierto que la lactancia es lo mejor que le podemos regalar a nuestros hijos, no sólo por tratarse del alimento más completo para los bebés sino también por su valor afectivo.

También es verdad que somos seres sociales y que si bien se ha comprobado que es un mito el “no tener leche”(todos los mamíferos producen leche durante el proceso de succión) la producción de leche está condicionada por muchos factores, no sólo biológicos sino también afectivos, emocionales, físicos, etc.

Muchas mujeres tienen poca leche porque están cansadas o porque se sienten presionadas, desbordadas o simplemente tienen la mente en otro lugar ya sea cuidando a sus otros hijos o con una mano sujetando al bebé y con la otra en el ordenador. Porque, lo cierto es que ser madre hoy día no es tarea sencilla. Muchas de nosotras debemos trabajar antes de lo deseado y asumir múltiples responsabilidades. ¿Cómo producir leche en este contexto? Algunas lo logran, a otras les cuesta más.

El mal dormir también influye en la producción y si bien las puericultoras recomiendan el descanso y la ayuda de una “red de contención” para aliviar trabajo, por momentos estos consejos suenan a irrealidad. Abuelas modernas, jóvenes y activas, maridos que trabajan hasta altas horas, amigos y tías con ocupaciones varias. ¿Cuántas de nosotras nos hemos sentidos solas y sin ayuda durante los primeros meses del bebé?

Ante esta realidad, lo único que se me ocurre es ser piadosas y evitar las miradas interrogatorios. Ayudarnos las unas a las otras regalándonos comprensión. Nadie es mejor o peor madre por dar la teta. Cada una hace lo que puede y da lo mejor de sí en un contexto real. Creo que la batalla entre las feministas a ultranza y los talibanes de la lactancia no tiene sentido y hay que aprender a correrse de ese lugar.

Que peleen ellos mientras nosotras cuidamos a nuestros bebés. Con teta o biberón, amándolos hasta el alma, sintiéndolos, pensándolos. La maternidad se expresa de muchas formas y la lactancia materna o bien la imposibilidad de practicarla no debe transformarse en el reflejo de un juicio de valor sobre nuestras capacidades como madres. Y si eso sucede, no prestes atención, sólo tú sabes de tus esfuerzos y las razones de tu elección.

Escrito por | 14 de agosto de 2013 | 0 comentarios
Padres.

Amamantar es sinónimo de amar

Después del parto, por su estado fisiológico, la madre es sensible a las manifestaciones de conducta del recién nacido y comienza a interactuar con ellas. A su vez, el bebé responde a la conducta maternal estableciendo relaciones recíprocas y afianzando el vínculo interhumano de mayor fuerza y persistencia a lo largo de la existencia.

La relación madre-hijo de la que tanto hablan ahora los humanos fue practicada siempre por el resto de los animales mamíferos y, si bien en los humanos este vínculo se evidencia por la connotación afectiva que tiene, su raíz es estrictamente biológica. Es el más sensual de los amores.

La madre quiere a su hijo porque es “suyo”. Es más, no puede ser de otra manera. El dar la vida por él no es una frase literal, y la naturaleza abunda en ejemplos. No se trata de un acto de heroísmo, es un imperativo biológico y éste sólo es posible cuando ha tenido lugar la instalación de un vínculo físico entre la madre y el bebé.

Tan importante es el contacto corporal y sensorial con el niño, que todos nosotros conocemos -ya sea directa o indirectamente- situaciones desgraciadas en las que madres que habían planeado no hacerse cargo de su hijo o darlo en adopción, modifican su proyecto una vez establecido el contacto físico con él. Así ha sido siempre y deberá seguir siéndolo si queremos conservar el pilar sobre el que se
asienta la felicidad de la persona y, en consecuencia, de la comunidad toda.

Amamantar es mucho más que alimentar. Implica amar. Se puede tener mucha leche en las mamas y no amamantar, y también es posible realizar admirablemente esa función a pesar de poseer escasa cantidad de secreción láctea. Más aún, el déficit de sustancias nutritivas puede ser sustituido por mamaderas, pero el déficit de amor, no. Madre hay una sola: “la que sabe amar”.

Escrito por | 29 de mayo de 2012 | 0 comentarios
Bebés.

Lactancia materna, una inversión para el futuro

La ausencia total o parcial de secreción láctea por falta de una sustancia química en la sangre materna es un hecho posible pero de rara aparición. Pero aun en los casos en que la cantidad sea escasa, la calidad no se ve alterada, excepto en condiciones de desnutrición extrema. Debe tenerse presente entonces que nunca la leche de madre “es mala” o “no sirve”.

Por lo tanto, es importante que se extremen las medidas para continuar la lactancia todo el tiempo posible; esta tarea no siempre se realiza sin dificultad, muchas veces es fatigosa y frustrante. Sin embargo, hay que destacar que aun escasa, casi “gota a gota”, la lactancia natural es la mejor inversión para el futuro, no sólo en lo físico sino en lo emocional.

La impaciencia de la mamá, o muchas veces la del médico, ha llevado a la pérdida innecesaria de la función láctea. No hace mucho que la medicina acaba de reconocer uno de sus errores: el de poner de moda en la década del 70 la administración de leches en polvo, presuntamente “maternizadas”.

En ocasiones, la leche no puede fluir fácilmente y las causas pueden ser varias (falta de succión del bebé, lapso muy prolongado entre las mamadas, etc.). En consecuencia, se acumula en los conductos excretores y provoca aumento de la presión de la piel que se encuentra sobre ellos: lo que ocasiona dolor y tensión en los tejidos. Esta situación se resuelve favorablemente en forma rápida, provocando el vaciamiento de la mama y tratando, además, de evitar que se repitan las causas que condicionan la retención.

Escrito por | 28 de mayo de 2012 | 0 comentarios
Bebés.

Infecciones durante la lactancia

Un “cuco” sigue amenazando a la lactancia: la posibilidad de infección. En general, para que una parte de nuestro cuerpo pueda ser invadida por gérmenes productores de enfermedades, no sólo es necesaria la presencia de la bacteria en cuestión, sino que se den las condiciones favorables para su desarrollo y que se manifieste una debilidad en nuestros mecanismos de defensa.

Estas condiciones suelen darse, aunque por suerte no muy frecuentemente, en el acto de mamar. Unos días después de nacido, el bebé puede tener en la boca una bacteria bastante agresiva (estafilococo dorado), el que es factible que pase a los conductos mamarios (galactóforos) a través de la disminución de la defensa de la piel, ya que el pezón puede estar lastimado (grietas). Estos conductos, al ser invadidos, se infectan (galacto-foritis aguda) y son el primer paso de la agresión al tejido mamario.

Cuando la infección no es controlada, o por diversos motivos no es tratada, se extiende a través del tejido mamario y provoca la temida mastitis. La mama se inflama rápidamente y casi en cuestión de horas se “prende fuego”; entonces se torna caliente y roja, se hincha y se pone muy tensa y dolorosa: estos son los signos de una infección aguda.

La consulta médica es inexcusable. Los remedios caseros son totalmente inefectivos y peligrosos: se impone el tratamiento médico con antibióticos específicos para ese germen, que es bastante resistente a los de uso común.

En principio, no es necesario suspender la lactancia, ya que la madre puede amamantar de la mama sana y sacar leche manualmente o con instrumentos adecuados (sacaleche, o utilizar una pezonera si el pezón presentara grietas) hasta superar el episodio, lo que llega a lograrse en la mayoría de los casos. Si el tratamiento fue oportuno y adecuado, es posible reanudar la lactancia una vez superada la infección.

Escrito por | 14 de mayo de 2012 | 0 comentarios
Bebés y Primeros meses.

La hora de la leche

Del mismo modo que si le dieras el pecho, alimentar a tu hijo con biberón demanda un tiempo y un espacio adecuados y mucha tranquilidad. En los primeros meses de vida, éste es uno de los momentos más importantes en la crianza del bebé.

Sujetarlo con firmeza, hablarle con suavidad y mirarlo a los ojos mientras él toma su leche, no sólo le permitirán crecer sano y fuerte, recibirá además mucho amor, contención y, por lo tanto, seguridad, tan necesaria para su salud psíquica.

Antes de empezar, verifica que la temperatura de la leche sea la adecuada. Para comprobarlo, puedes volcar algunas gotas en tu antebrazo. Nunca debes probarla en tu boca, ya que podrías transferirle gérmenes peligrosos para él.

Comprueba que el flujo de salida sea el correcto: debe ser gota a gota, ni más rápido ni más despacio. Si la salida es muy lenta, podrás modificar el flujo ajustando o desajustando la rosca que sostiene la tetina. En algunas mamaderas, el problema se resuelve de ese modo. Si no es así, habrá que aumentar el tamaño del orificio con una aguja caliente al rojo. Cuando la leche sale muy rápido, el bebé se puede atragantar; cuando no sale, se cansará de hacer tanta fuerza y abandonará antes de terminar.

Escrito por | 3 de diciembre de 2011 | 0 comentarios
Bebés y Primeros meses.

Leche materna contra la obesidad

Una y otra vez se repite lo beneficioso que resulta que un bebé se alimente con leche materna y ahora, los especialistas han descubierto un factor más para aconsejar esta clase de alimentación. Se comprobó que la leche materna posee una proteína que actúa como antídoto contra la obesidad en los primeros años de vida del niño. La adiponectina, éste es el nombre de la proteína, es una hormona que regula el metabolismo de las grasas y los azúcares.

La producción de la adiponectina logra acelerar los procesos bioquímicos en los cuales se queman grasas y azúcares absorbidos después de la digestión de los alimentos. Pero no es sólo obra de una proteína lo que se detectó y se valora porque la leche materna también produce leptina, que también ayuda a regular la grasa corporal.

Los científicos abocados a este estudio señalan que uno de cada cuatro casos de síndrome metabolico en los que aparecen enfermedades como la diabetes resistente a la insulina, la obesidad o los daños vasculares responden a concentraciones alteradas de la adiponectina. Lo comprobado es que el cuerpo de un recién nacido podría ser particularmente influenciable por esta sustancia con alto impacto en las enfermedades de su vida futura.

Escrito por | 30 de noviembre de 2011 | 0 comentarios
Bebés y Primeros días y Primeros meses.

Bebés rebeldes en la lactancia

Para los bebés la principal fuente de proteínas, vitaminas y minerales es la leche. Si este alimento proviene directamente del pecho de la madre es mucho más completo, ya que cuenta con los elementos que formarán las defensas del organismo del pequeño.

Los bebés que toman leche desde recién nacidos sin inconvenientes pueden tolerar mejor la falta momentánea de este alimento cuando llegan al año, ya que su cuerpo fue almacenando calcio durante todos estos meses. En cambio, cuando por alguna razón no toman leche desde los primeros tiempos se produce una falta de este mineral y de vitamina D, con el consecuente ablandamiento de los huesos y de los cartílagos y el peligro de que comience a manifestarse raquitismo.

Cuando crece, la cuota de lácteos tiene que estar completa y si se niega a tomar leche tiene que suplirla con algún otro lácteo. El queso, el yogur o la ricotta son indicados para complementar la nutrición. También, el pediatra puede indicarle algún complejo vitamínico adicional.

Escrito por | 28 de noviembre de 2011 | 0 comentarios
Bebés y Primeros días.

Tratamiento de la mastitis

Antibiótico específico
Cuando la fiebre se mantiene, el médico prescribe un antibiótico que pueda ser tolerado tanto por la mujer como por el hijo. Pero los expertos en lactancia materna insisten en que tan importante como tomar el fármaco es eliminar la obstrucción. Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre si el descanso en la cama acelera la recuperación. No obstante, recomiendan reposo siempre que la madre se sienta cansada.

La infección puede alterar levemente el sabor de la leche, pero no cambia su composición ni propiedades. Aun cuando la madre sufra mastitis, la leche sigue siendo el mejor alimento que puede ofrecer a su hijo.

Se puede prevenir
La infección puede evitarse. Todo consiste en eliminar lo antes posible la obstrucción de un conducto mediante calor y tomas frecuentes. Cuando las mastitis se repiten, es posible que haya algún hábito erróneo en la lactancia. Conviene consultar a un especialista.

Escrito por | 28 de octubre de 2011 | 0 comentarios
Bebés.

Qué hacer si se padece mastitis

En las últimas décadas, cuando las madres padecían una mastitis, abandonaban la lactancia por consejo médico. Ahora, por el contrario, se les aconseja seguir dando el pecho, porque se ha podido comprobar que amamantar acelera la curación e impide que se formen abscesos.

Lo primero que debe hacer la madre es dilatar ese canal con calor húmedo. Puede aplicarse agua caliente con la ducha o poner el seno en remojo. Después, dará de mamar al bebé y, si el niño no acepta la toma, se sacará la leche con la mano o mediante un sacaleches. Además, deberá practicar un suave masaje en el pecho, en dirección al pezón, para asegurarse de que no quedará leche acumulada en el canal obstruido.

Estas medidas proporcionan un alivio inmediato y conviene repetirlas cada dos horas hasta que se produzca la mejoría. Más adelante pueden espaciarse hasta que sean innecesarias. Si después de estos cuidados persiste el dolor en el pecho, se puede poner frío sobre él. Sirven una toallita empapada en agua y pasada por el congelador o un cubito de hielo picado y envuelto en un pañuelo; eso sí, deben aplicarse con sumo cuidado para evitar una irritación de la piel.

Escrito por | 27 de octubre de 2011 | 0 comentarios
Bebés.

Qué es la mastitis

Cuando una mujer que da el pecho dice que tiene fiebre, debemos pensar que sufre mastitis. Los trastornos de la mama provocan los mismos síntomas que el mal más común en las estaciones frías: dolores de cabeza, malestar general, cansancio y fiebre… pero, durante la lactancia, las mastitis son más frecuentes que los procesos gripales.

La mastitis suele afectar a un solo seno y se manifiesta localmente con un bulto pequeño, una dureza con forma de “quesito” o una tirantez. También provoca dolor y enrojecimiento en la parte afectada, aunque es posible que todos estos signos sean leves y la madre sólo los descubra cuando el médico se lo haga notar.

¿Por qué aparece? Algunas madres todavía piensan que la causa es una falta de higiene. No obstante, salvo si hay grietas en los pezones, que son una puerta abierta para los gérmenes, la mastitis no está relacionada con los hábitos de limpieza.

Para que se produzca este trastorno, es necesario que uno de los conductos de la glándula mamaria se obstruya, y esto sucede cuando, por cualquier causa, se fabrica más cantidad de leche de la que el bebé logra extraer. La retención provoca una inflamación de los tejidos y facilita la proliferación de bacterias o, lo que es lo mismo, la infección.

Escrito por | 26 de octubre de 2011 | 0 comentarios
Bebés.

Artículos más antiguos »