Reflexiones sobre la maternidad

Tengo dos hijos y creo que sólo se aprende a ser padre simplemente… ¡siéndolo! Recuerdo cuando no tenía hijos y caminaba por la calle, veía a un niño a los gritos mientras sus padres no sabían como calmarlo. Pensaba… “pero como es que no pueden hacerlo: son demasiado permisivos. O no saben como hablarle”. Y luego cuando estaba embarazada de mi primer hijo: no comerá dulces hasta los 5 años, ni dormirá en nuestra cama, ni se comportará mal en público o comerá comida chatarra y mirará tele hasta tarde.

Debo decir que las teorías cayeron cuando tuve a mi primer hijo en mis brazos y a medida que comenzó a crecer. No es que me he vuelto el extremo opuesto, mis hijos son educados y tienen rutinas que los ayudan a sentirse seguros. Comen caramelos de tanto en tanto y duermen en sus habitaciones sin problemas sin despertarse por las noches. Pero también es verdad que de tanto en tanto quieren dormir con nosotros y que hay ocasiones en las que al mayor le presto mi tableta –aunque no me gusta- para que juegue un juego mientras que yo tomo un café en un bar. O bien que, aunque está mal, le doy los gustos ante un berrinche en público al más peqqueño y hasta caigo rendida a sus caprichos cuando me compra con una sonrisa.

Creo que en el camino he aprendido que lo mejor a la hora de ejercer la maternidad es no casarse con los extremos, saber que hay momentos para todo: para poner los límites, para ceder porque estamos cansadas o simplemente porque necesitamos un poco de tranquilidad. Para dar el ejemplo y también para consentir.

No hay recetas de antemano que puedan anticiparnos ante esta la titánica tarea de ser padres, apenas buenas intenciones. Lo que sí es útil es proyectar el estilo de vida que deseamos para nuestros hijos, como queremos ser como padres, como nos gustaría que nuestros hijos interactúen con el mundo. Y por último, aprender a ser humildes y reflexionar ante cada equivocación, aprender de cada experiencia, cambiar el timón cuando vemos que algo no funciona, pensar y repensar nuestras acciones pues esos niñitos aprenderán no sólo de lo que decimos sino de quienes somos y como nos comportamos ante la vida.

Escrito por | 10 de marzo de 2014 | 0 comentarios
Padres.

Petición para eliminar la “silla de pensar” en los colegios

En algunos lugares es llamada silla de pensar, en otras rincón de pensar. Lo cierto es que está presente en muchas instituciones del país y es el lugar en el que se sientan los niños cuando se portan mal con la intención de que reflexionen acerca de sus actos.

Sin embargo, algunas voces se manifiestan en contra de este castigo alegando que es antipedagógico y atenta contra las buenas intenciones de la educación, perjudicando a los niños. Tal es la polémica que se ha diseñado una petición para que se elimine la “silla de pensar” de las aulas.

Mireia Long y Azucena Caballero han iniciado esta petición que ya ha conseguido más de 500 firmas en menos de 24 horas. Ellas y los firmantes consideran que los niños no deben aprender a controlar su comportamiento en base a un posible castigo pues entonces no llegan a comprender y asimilar la real consecuencia de sus actos.

Para este grupo, la silla de pensar no promueve la reflexión y la comprensión de las consecuencias de un acto sino que sólo logra que los niños asocien un comportamiento a un castigo. A esto hay que sumar que la palabra “pensar” adquiere una connotación negativa, en algo obligado.

Escrito por | 26 de enero de 2014 | 0 comentarios
Padres.

El comportamiento de los niños

Mi hijo es un pequeño príncipe… cuando está con otras personas. Es obediente, risueño, amigable. Ahora bien, cuando está conmigo se transforma en otro niño y se vuelve caprichoso, llora y reclama a todas horas del día.

¿Es normal que suceda semejante cambio de temperamento? La buena noticia es que sí, de hecho su comportamiento nos habla de que tú y tu hijo han establecido un fuerte lazo afectivo. La doctora norteamericana Tara Levy incluso afirma que “en realidad es un cumplido” pues “mientras más cómodo está un niño con su mamá o la persona que lo cuida la mayor parte del tiempo, peor se porta, porque confía en que puede contar contigo sin importar lo que haga”.

Los niños acostumbran a comportarse de la forma esperada cuando están con otras personas o en la guardería, en lugares donde no se sienten totalmente cómodos pero cuando regresan a sus hogares afloran sus frustraciones y sentimientos pues de alguna forma ellos saben que a pesar de todo el amor de sus padres es incondicional.

Entonces bien, si eres madre y tu hijo se vuelve caprichoso cuando está contigo sólo ten paciencia y conserva la calma, su comportamiento habla de la buena relación entre ustedes.

Escrito por | 27 de enero de 2012 | 0 comentarios
Primeros años.

Prohibiciones necesarias a los dos años

Por su propia conveniencia y seguridad seremos nosotros los que, a veces, debamos pronunciar un “no” tranquilo e inapelable. Si, en términos generales, lo dejamos experimentar con lo que lo rodea, si tenemos la paciencia de acompañarlo, guiarlo, enseñarle y explicarle, y le permitimos llegar en su afán explorador tan allá como pueda hacerlo sin riesgos para él ni para otros, entonces aceptará nuestras prohibiciones sin traumas ni rabietas duraderos, porque estaremos respondiendo al mismo tiempo a sus necesidades de seguridad y de expansión.

Los dos años es una edad intensa, de importantes cambios, novedades y crisis que no tiene nada que envidiar a otras con más publicidad y prestigio, como la crisis del adolescente.  Nosotros ya no la recordamos, pero ahora tenemos la oportunidad de revivirla y comprenderla, acompañando y observando a nuestro hijo en este interesante, y muy importante, período de su vida, en el que dejar de ser un bebé resulta muy duro para él.

Durante este segundo año de vida, tendrá que empezar también a entrenar su sociabilidad, ya sea en la plaza o en la guardería. Todavía no sabe compartir ni cooperar cuando lo situamos junto a otros niños, pero debemos proporcionarle estas situaciones para que vaya aprendiendo a adaptarse a los demás, a tratar con ellos y a encontrar, gradualmente, un equilibrio entre la indiferencia, los mimos y los mordiscos.

Escrito por | 22 de noviembre de 2010 | 0 comentarios
Primeros años.

La teoría del apego, un fuerte vínculo madre-hijo

Desarrollada en 1958 por John Bowly, la teoría del apego afirma que el bebé debe mantener un vínculo muy cercano con sus progenitores, en especial con su madre, para así lograr seguridad emocional.

De acuerdo a esta línea, el bebé necesita estar cerca de la madre para sentirse cuidado, protegido y en contacto. De esta forma consigue una verdadera confianza que luego le permitirá un buen desarrollo de su personalidad. La capacidad de respuesta de sus personas de referencia es determinante para que se sienta seguro y sin ansiedad. Cuando estos brazos lo acunan y contienen se siente protegido y aceptado en forma incondicional. El apego funciona a modo de escudo, consiguiendo la seguridad necesaria para que el bebé explore el mundo.

Esta teoría nació luego de estudiar el comportamiento de los animales, cuyas crías mantienen un fuerte vínculo con sus madres. De acuerdo a Bowly y otros seguidores, el niño realiza diversas conductas para conseguir la atención y respuesta de sus progenitores. Algunas de las más comunes son las sonrisas reflejas, el balbuceo, la succión y el llanto. Sólo así mantienen la cercanía con sus padres.

El contacto físico, la cercanía verbal y la reacción frente a sus necesidades son piezas esenciales para lograr un gran vínculo padres-hijo, relación que dará sus frutos a medida que el niño crezca.

Escrito por | 3 de junio de 2010 | 3 comentarios
Padres.