El amor y las caricias ayudan a crecer

Los niños en general son mimosos si se los acostumbra desde pequeños a recibir cariño, algunos lo buscan más que otros, pidiendo que los levanten que los acaricien y todo tipo de mimos. EStán esperando con ansias que se juegue con ellos y se les preste atención y esto puede traer opiniones encontradas, por ejemplo, entre el padre y la madre ya que uno puede pensar que se lo malcría, o entre abuelos y padres ya que en otros tiempos no se era tan demostrativo de afecto como se lo es ahora.

Las muestras de afecto no son malas. Al contrario: se sabe que el cariño, y sobre todo el contacto corporal, beneficia a los niños, tanto a nivel psíquico como físico. La psicología pone de manifiesto cómo inciden las carencias emocionales en el crecimiento infantil: los niños que proceden de hogares con serios problemas, a los que no se les habla ni se les demuestra amor, pueden presentar, más temprano o más tarde, síntomas de trastornos psíquicos.

Según algunas investigaciones, sentirse queridos hace que los niños desarrollen una mejor defensa frente a las enfermedades. Esto indicaría que si eres cariñosa con tu bebé sigue siéndolo y si el padre, por ejemplo, no lo es, incentiva a que lo sea.

Escrito por | 25 de junio de 2012 | 0 comentarios
Bebés.

Niños que rechazan los mimos

“Nuestro hijo es un niño alegre y feliz, pero no le gusta que lo alcemos en brazos ni que lo mimemos. Antes era más cariñoso. ¿Qué pasó?” ESta suele ser una consulta que muchos padres realizan, notan que sus pequeños han tenido un cambio en la forma de demostrar su cariño y temen que no lo sienta.

Las necesidades de afecto y caricias varían de un niño a otro. A partir de los dos años, además, el pequeño es consciente del dominio que ejerce sobre su propio cuerpo y quiere disponer a su manera de él. Esto significa que no le gusta que le hagan caricias o mimos sin su consentimiento. Y eso es algo que los padres deben respetar, sin entristecerse ni ofenderse. Su concepto de la ternura es diferente del nuestro.

Por ejemplo, tu hijo seguro que prefiere sentarse de vez en cuando en tus rodillas o jugar sobre la alfombra con su papá. Los besitos y abrazos, sobre todo si no los recibe por iniciativa propia, pueden ser demasiado para él. Es preferible no forzarlo ni agobiarlo con mimos y caricias para no aumentar su rechazo. Sigan demostrándole lo mucho que lo quieren, pero conviene interrumpir los mimos en cuanto él los rechace.

El pequeño les pedirá mimos si no lo agobian al dárselos en exceso y cuando él no los requiere. Muchas veces es parte de su personalidad, que están desarrollando, el rechazar un mimoseo excesivo, no hay que tratar de cambiársela.

Escrito por | 19 de junio de 2012 | 0 comentarios
Niños y Primeros años.

La comunicación con los hijos

Para que la comunicación con nuestros hijos pequeños funcione es dedicarles tiempo. Estar con los hijos no es una actividad menos importante que otras, así que hay que planificarla y hacerle un sitio en la agenda.

No debiéramos dejar transcurrir ningún día sin pasar al menos un rato con ellos. Y, si es breve, no lo dediquemos a abrumarlos con preguntas. Por supuesto que tenemos que interesarnos por sus cosas, pero dediquémonos también, simplemente, a estar con ellos, a mostrarnos receptivos y escucharlos.

Mantener un buen nivel de espontaneidad y confianza nos ayudará a conocerlos mucho mejor que ningún interrogatorio. Hacerlos sentirse cómodos charlando y dejarlos elegir los temas es la mejor llave hacia su mundo interior. No esperemos cada día revelaciones trascendentales, pero la costumbre de charlar relajadamente logrará que nunca lleguen a ser para nosotros, como por desgracia sucede a veces, unos extraños.

Cuando no sea fácil encontrar momentos para compartir, pongámosle ingenio. ¿Qué tal si apagamos la televisión durante la cena? Y, si no es posible cenar juntos, quizá sí lo sea desayunar. O acompañarlos un rato en su cuarto antes de dormirse.

También podemos buscar actividades para hacer juntos: bañar al perro, llevar el auto a lavar, jugar a cualquier juego de mesa, hacer una colección, avanzar un poco cada día en la resolución de un rompecabezas gigante o un damero difícil… Recordemos la intensa felicidad que nos embargaba cuando nuestros padres nos dedicaban, de verdad, toda su atención. Entonces lo veremos claro.

Escrito por | 8 de mayo de 2012 | 0 comentarios
Padres.

Nuestros hijos a los siete años

Cumplidos los siete años,  nuestros pequeños ya no nos reclaman para todo. Ahora se valen por sí mismos en muchas cosas, empiezan a desarrollar aficiones y hasta opiniones propias, y las relaciones con sus iguales cobran cada vez más importancia. Es bueno que ya no dependan tanto de nosotros. Sin embargo, nos equivocaremos gravemente si respondemos a esa mayor independencia aflojando nuestra relación con ellos.

¿Por qué sentimos tantas veces que nuestros hijos “se nos escapan” cuando llegan a la adolescencia? La clave está, muy a menudo, en estos años intermedios. Si durante esta etapa no seguimos cultivando nuestra relación con ellos, quiza mas tarde no podamos recuperar el tiempo perdido. Pero, si acertamos a hacerlo, habremos creado un fuerte vínculo que resistirá los temporales inevitables de la adolescencia.

Cómo alcanzar una buena comunicación

En primer lugar, proponiéndonoslo seria y conscientemente. Se trata de crear las condiciones para que la comunicación se dé espontáneamente y no pierdan la confianza en nosotros. Por ejemplo, conociendo y compartiendo sus aficiones, al menos en cierta medida.

Si les apasiona el fútbol, no sería muy hábil por nuestra parte decirles algo como: “¿Y a mí qué me importa quién es ese Ignacio?”. Después, cuando queramos que nos cuenten algo realmente importante, no nos extrañe si se cierran y se niegan a hablar.

En el caso de que empiecen a mostrar debilidad por el rock, no los miremos con suficiencia pensando en Pavarotti. No tenemos por qué fingir que nuestros gustos coinciden, pero sí mostrar interés y aprovechar para actualizar nuestra cultura musical contemporánea (a ellos les encantará contarnos acerca de ese tema).

Escrito por | 7 de mayo de 2012 | 0 comentarios
Padres.

Las provocaciones de los niños a sus padres

En general la primera reacción a una provocación suele ser el enojo. Así no sería de extrañar que los padres, irritados, perdiesen el control y pegasen un grito o reprendiesen al niño. Pero ya nos podemos imaginar lo que ocurriría a continuación: el niño llora, tiene un berrinche, no hay manera de tranquilizarlo, los padres se enojan aún más o, por el contrario, se arrepienten… En suma, la tarde está definitivamente estropeada (y los invitados sin atender).

¿Cuál es la alternativa? ¿No debe aprender el niño que su madre y su padre no pueden estar siempre con él porque también tienen que hacer algunas otras cosas? ¿Y no hay que enseñarle también que no debe romper los platos adrede, manipular las llaves de la cocina, arrancar las plantas, etcétera?

Lo de los platos y las llaves de la cocina el niño ya lo sabe. En eso estriba precisamente la provocación. Si no supiera que no debe hacerlo, se trataría de un accidente o de un experimento, pero no de una provocación a sabiendas. El aprendizaje de que sus padres también deben atender otros asuntos va más lento. Todavía la necesidad de cercanía y atención es muy grande.

En definitiva, la mejor manera de reaccionar a las provocaciones es tomarlo en brazos y decirle: “Perdóname, casi te había olvidado con tanto trabajo que tengo. Ahora recogeremos esos trozos rotos y no lo volverás a hacer. Y después daremos un paseo”.

Escrito por | 6 de mayo de 2012 | 0 comentarios
Niños y Padres.

Cómo mejorar relación con los hijos de la pareja

Las normas deberían ser parejas para todos. Cada progenitor tiene que hacerlas cumplir en sus propios hijos.

Las discusiones acerca de los chicos, se harán en el dormitorio y a solas o en el bar de enfrente. Nunca delante de ellos.

La unidad de la pareja es fundamental. Cuidado con la estrategia de “dividir para reinar” que los chicos usan siempre que pueden.

Darle importancia a cada uno de los problemas sin intentar resolver todo de una vez y para siempre.

Imitar de vez en cuando las reuniones de consorcio. Que cada uno defienda en ellas sus propios intereses teniendo en cuenta qué es lo mejor para “el edificio”.

Los cambios deben ser graduales según el ritmo de todos.

Ninguna orquesta suena bien de entrada y ninguna suena bien sin dirección ni partitura.

El amor no es obligatorio: empecemos por tratarnos bien.

Escrito por | 5 de mayo de 2012 | 0 comentarios
Padres.

Rivalidad entre niños

Todos los niños rivalizan para ver quién es mejor o tiene más. ¿Debemos frenar su afán competitivo y enseñarles a compartir?

“Yo tengo mil chicles más que vos”, “Pero yo tengo un millón de chicles más que vos”, “Ja, entonces yo tengo un millón de millones de chicles más que vos”… Se ha dado la señal de salida y los dos niños compiten encarnizadamente, lanzándose la pelota verbal cada vez con más fuerza y menos sentido.

No nos alarmemos, su actitud es normal. Esta escena de competencia es un signo de normalidad. El niño está constituyendo su personalidad y su estima. Y para dicha construcción necesita compararse y medirse con otros. Es decir, si tiene un juguete, no mide el valor del juguete en sí mismo, precisa medirlo con sus semejantes. Desde que el niño nace, necesita a los demás como punto de referencia. Por un lado se mide en línea vertical en relación a los padres y, por otro, en línea horizontal con sus hermanos o amigos. En el plano horizontal es donde se producen las mayores rivalidades y peleas. En cambio, en relación a los adultos el niño se resigna a que el papá sea superior.

En realidad, los niños luchan para ganar el reconocimiento y el amor de la autoridad (los padres, los profesores…). Sin embargo, cuando dicen mi papá es más fuerte que el tuyo, aparece otro matiz. Es como si colocasen a los padres frente a una figura todavía superior. Poner a los padres en el pedestal es algo normal, por lo que todos los niños pasan en algún momentó.

A esta edad, los pequeños ya pueden empezar a compartir, cosa que resultaba prácticamente imposible antes de los cinco años. Podía ocurrir que el niño, bajo el estímulo de los padres o los maestros, compartiese una bolsa de caramelos. Pero ahora el niño se puede colocar en los zapatos del otro y sentir como él sin tener miedo de perder su lugar. Se produce lo que se llama “empatia” o identificación con el otro.

Escrito por | 3 de mayo de 2012 | 0 comentarios
Niños.

Las comparaciones entre niños no son buenas

¿Quién no las ha escuchado alguna vez?: “¡Hijo, no le aciertas a la pelota ni de casualidad! No sé a quién saliste, porque yo a tu edad era delantero del equipo de mi colegio” “¡Mira que no saber leer todavía! Tu hermana, a tu edad, ya aprendía las lecciones dé memoria”… Es posible que alguna de estas frases haya sido dicha de buena fe, con una sincera intención educativa, aunque el tono haga dudar de la bondad de quien las pronuncia.

Sea como sea, son un ejemplo del tipo de cosas que no deben decirse a un niño. Si las comparaciones son odiosas, en general, lo son aún más cuando se trata de educar. Con ellas suele lograrse el efecto contrario al que se busca.

No cabe pensar que un papá o una mamá pronuncie estas frases por el puro placer de herir y humillar a su hijo. Seguramente su intención es la de aguijonear al niño para que cambie y se supere. Pero es fácil que les salga el tiro por la culata: probablemente lesionarán su autoestima, lo desanimarán y quizá logren que se rinda y renuncie a superar las dificultades.

Es más, incluso un niño que no tiene lo que se dice un problema puede desanimarse ante la permanente comparación con alguien que se destaca.

Escrito por | 27 de abril de 2012 | 0 comentarios
Padres.

Las diferencias entre hermanos

No se trata de darles a todos lo mismo, sino a cada uno lo suyo. Esto no implica conceder privilegios ni tener preferencias, sino hacer sentir a cada uno que él es único para nosotros y que lo tenemos en cuenta como individuo.

Aunque se quiera igual a cada hijo, no es natural comportarse exactamente igual con todos. No se reta o se juega de idéntica manera, según con quien se trate. La relación con cada hijo, como seres con sus propias peculiaridades que son, es distinta en cada caso.

Lo importante es que todos se sientan amados y que cada uno se sienta querido por sí mismo. Si un niño tiene la seguridad de que tiene un lugar muy importante en el corazón de sus padres, no andará espiando las atenciones que reciben sus hermanos, a no ser que sean los padres quienes recurran a las famosas comparaciones. No queremos decir que sea posible evitar por completo los celos entre hermanos: existen, pero se puede lograr que sean pasajeros y se reduzcan a límites razonables.

Recordemos también que tratar siempre a los niños en grupo hace la relación un tanto impersonal. En cambio, dedicarles algún tiempo individualmente, hablando de sus cosas, estrecha los lazos con cada uno de ellos y hace más personal y directo el vínculo afectivo. No hay por qué comprar regalos o juguetes idénticos, a no ser en alguna ocasión, por motivos prácticos. Si, cuando un niño recibe una prenda el otro exige una igual, quizá haya que recordarle que, sencillamente, él no la necesita. Del mismo modo, cada hijo deberá ser alabado o corregido atendiendo a sus propias circunstancias y dejando a sus hermanos fuera del asunto.

Escrito por | 25 de abril de 2012 | 0 comentarios
Niños.

Ser padres, decir que no sin sentir culpa

Ellos siempre demandan porque creen que lo que pronuncian se va a producir, pero ahí estamos los papis para poner límites inevitables.

A veces les resulta más complicado a los adultos enfrentarse a ese no que a los propios niños, ya que temen no cubrir todas las necesidades de sus hijos. Sin embargo, es precisamente ese no en situaciones concretas el que los hace convertirse en seres maduros, capaces de asumir las diversas situaciones que se les presenten a lo largo de su vida, incluidas las adversas, que irremediablemente se van a dar.

Pero esa negación no puede ser tajante y porque sí. Debe ir acompañada de una explicación clara y concisa que el niño pueda comprender a la perfección: “Hoy no vi nada que te pudiera gustar”; “Todos los días no te puedo traer algo…” Explicaciones así consiguen que nuestros hijos entiendan que se obsequia en circunstancias especiales y porque realmente lo deseamos, no como mera obligación.

En algunas ocasiones los padres nos sentimos culpables quizá por no dedicarles demasiado tiempo o incluso pensamos que no les damos todo el amor que necesitan. Creemos que comprarles un recortable, un alfajor o un camión puede suplir en cierto modo nuestra falta de atención y la posible carencia de cariño. Pero caemos en un grave error, porque el chico por el momento se conformará, pero después deseará más. A esta edad, aún no es capaz de expresar con exactitud sus sentimientos y, cuando demanda un juguete a toda costa, en realidad, lo que está pidiendo a gritos es que sus padres le dediquen más tiempo, que jueguen con él o, ¿por qué no?, algo tan sencillo como una ración extra de mimitos. Generalmente, debajo de una petición de objetos hay una demanda de amor.

Escrito por | 25 de abril de 2012 | 0 comentarios
Padres.

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