Padres e hijos, una relación que supera la barrera de la edad

Carlos Andreu es un coach y profesor que además es padre de cinco niños que además ha escrito varios artículos dedicados a la infancia. Así es como en clave de humor ha elaborado un artículo en el que explica la relación entre padres e hijos a medida que pasa el tiempo.

Os dejo con un extracto:

• A los 4 años: mi papi puede hacer de todo
• A los 5 años: mi papi lo sabe todo
• A los 6 años: mi papi es más sabio que el tuyo
• A los 8 años: creo que mi papá no sabe de todo
• A los 10 años: hace años, cuando mi papá crecía, las cosas eran distintas
• A los 13 años: mi padre no tiene ni idea de eso, claro
• A los 15 años: no le hagas ni caso a mi padre, está chapado a la antigua
• A los 17 años: a veces me pregunto cómo pudo mi viejo salir adelante si no se entera de nada
• A los 21 años: ¿mi viejo? Puf! Está perdido… es de otra época
• A los 25 años: creo que mi viejo sabe algo de esto… ¡Ha vivido tanto!
• A los 30 años: tal vez debiera consultar a mi viejo a ver qué piensa él. Tiene experiencia
• A los 40 años: no voy a hacer nada hasta que no hable con mi padre
• A los 50 años: me pregunto cómo habría hecho esto mi padre. Era tan sabio
• A los 55 años: daría cualquier cosa porque mi padre estuviera aquí ahora para hablar esto con él

Mi hijo mayor tiene apenas 4 años y está en su etapa de idilio con nosotros, sus padres. Habrá que guiarlo y orientarlo para que a pesar de su natural desarrollo y de un vínculo que se construye y reconstruye a diario repita lo mejor de nosotros y saque a la luz lo mejor de él.

Vía: Carlos Andreu

Escrito por | 19 de mayo de 2014 | 0 comentarios
Padres.

Padres que piensan diferente

Dos padres que piensen en forma diferente sobre un determinado tema deben dialogar y terminar por llegar a un acuerdo. Pero ¿qué hacer cuando las diferencias de parecer son grandes, las opiniones totalmente opuestas y no se ve la posibilidad de lograr el consenso?

Hace poco conocimos a una joven madre norteamericana que chapuceaba con su hija de dos años un castellano poco menos que catastrófico. “Pero, ¿por qué no hablas inglés con ella”, le preguntamos asombrados. “Mi marido no quiere”, contestó triste. “Dice que en casa hay que hablar español.”

Dignidad feminista aparte, en una época en la que miles de padres mandan a sus hijos a aprender a hablar inglés, la actitud de este padre sólo puede calificarse de necia, debida, seguramente, a un complejo de inferioridad.

Ante errores tan garrafales, como lo sería también la opinión de que las palizas son un excelente método educativo, sólo cabe que la parte de la pareja con mayores conocimientos trate de reunir libros, revistas y materiales para convencer a la otra parte. La pedagogía es una ciencia que se basa en investigaciones prácticas, que muestran claramente los resultados de una u otra manera de educar. En el caso de que el padre obcecado no creyese al otro, habría que buscar ayuda profesional.

Escrito por | 15 de marzo de 2012 | 0 comentarios
Padres.

Aprender de las discusiones de los padres

Escuchando a los padres, los niñs se dan cuenta de que éstos no toman sus decisiones a la ligera, sin pensarlas ni discutirlas previamente. La seriedad que hay detrás del proceso de acordar lo mejor para ellos ayuda a los niños a aceptar sin protestar las decisiones de sus mayores.

Lo importante es que los padres sólo esgriman armas limpias cuando discuten delante de los hijos:

Deben saber escuchar al otro sin interrumpirlo.
Nunca deben agredirse personalmente.
Jamás hay que sacar a relucir desavenencias pasadas.
Y sobre todo: es importante llegar a una conclusión.

Los niños que ven a sus padres pelearse también deben verlos reconciliándose y poniéndose de acuerdo. Esto es muy importante para su tranquilidad emocional pero también sirve para que ellos mismos aprendan a negociar y a buscar soluciones.

Escrito por | 6 de marzo de 2012 | 0 comentarios
Padres.

Diferencias entre mamá y papá

“Que se pongan la bufanda, que hace frío”, avisa la madre al padre quien, con sus dos hijos, se dispone a dar un paseo invernal por la plaza. “¿Una bufanda? ;No exageres! Si enseguida va a salir el sol.”

¿En qué familia no se ha dicho esto mismo alguna vez? Cuando la temperatura cae por debajo de los diez grados y del sur sopla una brisa más o menos recia, las madres tienden a abogar por los gorros, las bufandas y los guantes, mientras que los padres suelen encontrar estas precauciones un tanto exageradas. Pero no sólo discrepan en este tema.

¿Cuántos caramelos pueden comer? ¿Deben aprender a decir gracias y por favor? ¿Conviene regalarles una bicicleta? ¿No ven demasiada televisión?… En la vida cotidiana con los niños surgen miles de oportunidades para no estar de acuerdo. ¿Por qué dos personas que supuestamente se han unido porque se entienden bien pueden disentir tanto por causas mínimas?

Gran parte de las diferencias de opinión se deben al estilo de vida distinto de ambos padres. La madre que pasa todo el día con sus hijos reacciona de otra manera que el padre que los ve sólo los fines de semana. En algunos aspectos, como el orden y la puntualidad, las madres amas de casa suelen exigir más a sus hijos, ya que son ellas las responsables de la buena marcha de la vida diaria.

Por otro lado, esta cotidianidad las hace también más tratables, más proclives a ceder y llegar a un consenso. Ambos padres pueden estar de acuerdo en que los hijos vean en la televisión sólo determinados espacios infantiles, pero un día de lluvia o un interés especial del chico pueden llevar a la madre a ser indulgente y dejarle ver un ratito más. Quizá el padre no se lo hubiera permitido, pero no por mayor severidad, sino por menor cercanía: mantenerse firme sólo de vez en cuando resulta mucho más fácil que hacerlo todos los días.

Aún más influencia ejerce la infancia propia de cada padre. Aunque, normalmente, la pareja tenga una buena comunicación en su nivel de adultos y criterios comunes, cuando llegan los hijos se resucitan, como por arte de magia, todas las viejas vivencias y emociones.

Escrito por | 29 de febrero de 2012 | 0 comentarios
Padres.

Cómo actuar ante el llanto

Para el niño es gratificante que sus padres sean capaces de mantenerse calmos en los momentos más difíciles,

En ciertas ocasiones, cuando el bebé se siente mal, en vez de intentar parar su llanto por todos los medios, lo que necesita es una persona que se limite a estar con él y conserve la tranquilidad. Alguien que lo tenga en brazos mientras llora o que se siente junto a su cuna y se quede allí, en silencio, acariciándole la cabecita. Eso lo tranquiliza mucho.

Sin embargo, el llanto desconsolado de un niño y no saber cómo apaciguarlo puede hacer que los padres se desesperen y les estallen los nervios. Entonces, en lugar de ternura y afecto, el pequeño recibe una demostración de enojo (por haber interrumpido su sueño, por la impotencia que da no saber qué hacer). Naturalmente, el bebé percibe el cambio; aunque no pueda comprender el significado de las palabras, se da cuenta de que el tono de voz es distinto, nota que las manos no son tan delicadas, que la actitud no es tan cariñosa como siempre… Pero eso no le hace perder la confianza, ya que reconoce la situación como un desliz.

La mejor prueba de que esto es así es la siguiente: en algún momento de la misma noche, el niño puede volver a necesitar a sus padres. Confiado, reclama de nuevo su compañía y se deja consolar, sin tener en cuenta la reacción anterior.

Escrito por | 22 de febrero de 2012 | 0 comentarios
Bebés y Primeros meses.

Educar a los padres

Podemos quejarnos continuamente de que los padres no ayudan en casa, si, en cambio, elegimos la vía del elogio, no fingido, sino como un auténtico reconocimiento al esfuerzo del otro, el panorama cambia.

Hay que recordar que, desde la infancia, a los hombres se les ha enseñado a pensar que su trabajo y el dinero que aportan son la única manera de decirle “te quiero” a su familia. Nos corresponde, tal vez, subrayarles que calmar a un niño, dormirlo o estar pendiente, igual que las madres, de si se acabó el café, también son modos de decir “te quiero”.

Y el elogio es una manera de familiarizar al hombre con esto. Por lo menos, la experiencia demuestra que es mucho más gratificante y útil decirles: “¡Qué suerte que te levantaste vos a ponerle el chupete!”, que “por fin te diste cuenta de que tenías un hijo.”

Por supuesto, no ignoramos que más de una mujer, ante estas sugerencias, podrá pensar: ¿ahora resulta que, además de trabajar y criar a mis hijos, me piden que “eduque” a mi marido para que sea un buen padre? Y bueno, esta última es una de las maneras de enfocar el asunto: con resentimiento y ánimo de pelea. Pero no creemos que sirva, además de que, por si hiciera falta aclararlo, no estamos propiciando una carga más para la madre. Simplemente, se trata de que seamos un poco más inteligentes y auténticas para enfrentar las dificultades: que expresemos claramente nuestra necesidad de apoyo y que recorramos los senderos más aptos para lograrlo.

Los hombres son distintos de las mujeres,afortunadamente para todos, y en esta cultura necesitan ayuda para poder ayudarnos. Más si les pedimos colaboración en funciones tradicionalmente femeninas.

Escrito por | 22 de abril de 2011 | 0 comentarios
Padres.

Colaborar con mamá

Aún cuando seamos superorganizadas y contemos con una empleada eficiente y cariñosa para cuidar a los niños, circunstancias ideales que no siempre se cumplen, el rol del padre es de fundamental importancia. Ni qué hablar de aquellos casos en que vivimos en un departamento minúsculo, que no nos permite contar con una empleada de tiempo completa, o aunque el espacio sea apto, el presupuesto escaso nos prive de esta ayuda.

Sea cual fuere la situación, un papá bien dispuesto es el soporte indispensable para que la vida de la madre trabajadora sea menos pesada y angustiante. ¿Cuanto de esta buena disposición depende de la personalidad del hombre, y cuanto de la actitud que demuestre la mujer? Imposible saberlo con precisión, ya que, como dice el viejo refrán: “cada casa es un mundo”. Sin embargo, con una mano en el corazón, todas deberíamos reconocer que en más de una oportunidad somos nosotras quienes también contribuimos a que los papas sean prescindentes o inhábiles y se mantengan a una cómoda distancia de las cargas cotidianas que conlleva la crianza de un hijo.

El “dejá que mejor lo hago yo, porque así no se hace”, es una frase que podríamos ir desterrando de nuestro vocabulario. Nada inhibe más a cualquier ser humano que ver resaltada su incompetencia en una actividad para la que, además, nunca fue entrenado. ¿Y quién puede dudar que los hombres no fueron educados para “hacer de niñeras”?

La única manera en que una mujer puede recibir el apoyo que necesita es logrando que su marido quiera dárselo. Para ello, el mejor camino es demostrar que todas sus contribuciones son bienvenidas. El marido a quien se le dice: “podes ayudarme en esto pero no en aquello”, se sentirá inevitablemente con derechos paternos de segunda clase. Y las mujeres, que tan a menudo somos discriminadas como ciudadanas de segunda, deberíamos saber mejor que nadie lo que estos mensajes despiertan.

Escrito por | 23 de marzo de 2011 | 0 comentarios
Padres.

Cómo lograr comprometer a los padres

A menudo, a pesar de desear la colaboración de sus compañeros, las madres caen en determinados tics totalmente contraproducentes. Si se desea que el padre se ocupe de más tareas, habrá que tener cuidado de:

• No supervisar nunca lo que hace él, y mucho menos censurarlo. Esta costumbre lo desmoralizará enseguida.

• Cuando ha comenzado a realizar una tarea, no decir jamás: “Déjalo, yo lo hago mejor”, o “Yo lo termino antes”. Eso desanima a cualquiera.

• Felicitarlo y agradecerle su ayuda. Valorar su trabajo es una fórmula infalible para que sientan lo importante que es su colaboración.

• Repartir las tareas de una manera justa. Los trabajos parciales producen menos satisfacciones que los completos. No está bien que si él pone en marcha todos los preparativos para hacer la comida, sea ella quien se lleve en exclusividad los laureles, aunque haya dado el toque maestro.

• No olvidar nunca que aprender lleva su tiempo. Si ellos debutan con una tarea doméstica hay que tener paciencia. Cuando la hayan hecho varias veces, saldrá mejor.

• Al repartir las responsabilidades, no hacer para él un lote con todo lo que sea menos satisfactorio.

• No pretender que él ejecute las tareas que le corresponden con el mismo criterio que utiliza la mujer y cuando ella lo desee. El tendrá su manera y sus trucos. Y encontrará el momento más apropiado.

• No cambiar cada dos por tres lo establecidos, sino, no se lo tomará nunca en serio.

• No pensar que se es perfecta e indispensable (no hay nadie que sea así) y delegar algunos trabajos.

• Una vez repartidos los trabajos, hay que procurar no ceder. De lo contrario, se va perdiendo terreno.

• No olvidar que, aunque es imprescindible hacer las tareas caseras, no hay que consentir que enturbien la relación con la pareja.

Escrito por | 4 de febrero de 2011 | 0 comentarios
Padres.

Con papá desde el primer día

El papel del nuevo padre no es más sencillo que el materno. Aunque el hombre no lleve al bebé en su seno durante nueve meses, también deberá hacer ajustes emocionales a medida que se acerca su llegada, y todo lo relacionado con él cobrará día a día más importancia.

Con el nacimiento suele sentirse aliviado, con mucha excitación y algo de susto. Si colabora en el parto, verá aflorar unos sentimientos de compromiso y amor que nunca imaginó que podría llegar a experimentar.

Pero, junto a estas emociones, también es natural que los papás sientan cierto miedo al pensar en la responsabilidad que contraen para los años futuros. La mejor receta para afrontarlo es participar de los cuidados del pequeño todo lo posible. Acompañar a la madre y al hijo en la maternidad les permite sentirse una figura clave en vez de un espectador. Cuando la familia ya se ha instalado en casa, el padre debe ayudar a poner los pañales, bañar y calmar al bebé. Estas tareas ofrecen una oportunidad única para conocer y amar al nuevo miembro.

Participar desde el primer día en los cuidados del recién nacido es la mejor forma de manejar los sentimientos ambivalentes que provoca la paternidad y permite que padre e hijo se sientan unidos.

Escrito por | 8 de noviembre de 2010 | 2 comentarios
Padres y Primeros días.

Dieta para mejorar la fertilidad de los hombres

La potencia del esperma está en estrecha relación con la nutrición y por esa sencilla razón es importante llevar una dieta sana y nutritiva, sobre todo si estáis buscando un bebé.

¿Qué debemos consumir entonces? Bien, es importante alimentarse con productos variados y nutritivos, haciendo hincapié en algunos que favorecen a los espermatozoides.

Entre otras cosas, se recomienda comer alimentos ricos en vitamina C y otros antioxidantes pues éstos ayudan a la movilidad de los espermatozoides al tiempo que evitan que sean defectuosos.

La presencia de zinc también es vital pues su falta disminuye la cantidad del semen y así como los niveles de testosterona. Se recomiendan 11 mg diarios. ¿En dónde podéis encontrarlo? En ostras, pollo y carne vacuna.

Por otra parte, se recomienda suprimir el alcohol pues disminuye los niveles de testosterona y aumentar el consumo de alimentos con calcio y vitamina D para así mejorar la fertilidad. Entonces bien, leches, yogures y pescados como el salmón son de la partida.
Cereales integrales, vegetales de hoja verde y legumbres también deben estar presentes pues aportan ácido fólico, una vitamina B esencial, que incide en la producción de espermatozoides.

Vía: Babycenter

Escrito por | 30 de septiembre de 2010 | 0 comentarios
Concepción.

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