Cómo actuar ante el llanto

Para el niño es gratificante que sus padres sean capaces de mantenerse calmos en los momentos más difíciles,

En ciertas ocasiones, cuando el bebé se siente mal, en vez de intentar parar su llanto por todos los medios, lo que necesita es una persona que se limite a estar con él y conserve la tranquilidad. Alguien que lo tenga en brazos mientras llora o que se siente junto a su cuna y se quede allí, en silencio, acariciándole la cabecita. Eso lo tranquiliza mucho.

Sin embargo, el llanto desconsolado de un niño y no saber cómo apaciguarlo puede hacer que los padres se desesperen y les estallen los nervios. Entonces, en lugar de ternura y afecto, el pequeño recibe una demostración de enojo (por haber interrumpido su sueño, por la impotencia que da no saber qué hacer). Naturalmente, el bebé percibe el cambio; aunque no pueda comprender el significado de las palabras, se da cuenta de que el tono de voz es distinto, nota que las manos no son tan delicadas, que la actitud no es tan cariñosa como siempre… Pero eso no le hace perder la confianza, ya que reconoce la situación como un desliz.

La mejor prueba de que esto es así es la siguiente: en algún momento de la misma noche, el niño puede volver a necesitar a sus padres. Confiado, reclama de nuevo su compañía y se deja consolar, sin tener en cuenta la reacción anterior.

Escrito por | 22 de febrero de 2012 | 0 comentarios
Bebés y Primeros meses.

El bebé no para de llorar

Le hemos dado el pecho o el biberón, por lo tanto su llanto no puede ser por hambre. Le hemos cambiado los pañales, es decir que no está mojado ni paspado. Hemos jugado con él,  le hemos hablado y cantado: aburrido no puede estar. Lo hemos probado todo, pero no conseguimos calmarlo.

Entonces es cuando nos ponemos nerviosos. Queremos consolar a nuestro hijo y no podemos. La tensión aumenta y ésta, a su vez, puede generar cierta agresividad. Se llega entonces a la situación contraria a la que queríamos llegar: en lugar de consolar al niño paciente y cariñosamente, una cierta hostilidad se apodera de nosotros.

No sabemos si ponernos a llorar también o salir corriendo para dejar de oír esos berridos que nos paiten el alma. El bebé, por muy chiquitito que sea, capta perfectamente el estado de ánimo de los padres y llora aún más por miedo a ser abandonado. Así se va generando un círculo vicioso muy difícil de quebrar. Por lo tanto, no se trata sólo de calmar al bebé, sino también a los padres. En este informe exponemos varias sugerencias de eficacia probada para que vuelva a reinar la paz entre todos.

Escrito por | 15 de noviembre de 2010 | 1 comentario
Bebés.