El sueño agitado de los niños

El sueño infantil se caracteriza por una enorme agitación. Los niños pueden realizar hasta siete y ocho movimientos por hora, sin que esto represente motivo de alarma.

Aunque a los mayores nos choca muchísimo (nosotros nos movemos menos), se considera perfectamente normal que muchos bebés lleguen a dar diez vueltas completas en la misma noche. Otra cosa sería que la actividad nocturna de Diego fuera tan incesante que le impidiera descansar bien. También habría que vigilarlo si apenas cambiara de postura; los extremos son siempre lo extraordinario. Pero antes de preocuparnos debemos considerar siempre que existen numerosas variaciones personales y que cada bebé tiene su propio estilo en la cuna.

Preocuparse en aumentar las distracciones diarias del niño no servirá de nada. Aunque pretendamos que se canse más mientras esté despierto, no conseguiremos que su sueño sea menos agitado. Es inútil hacerlo caminar o jugar durante más tiempo, ya que los constantes cambios de postura por la noche no dependen del ajetreo diurno.

Incluso puede ocurrir que esta actitud sea contraproducente. Cuanto más cansado está un bebé, más le cuesta dormirse. A los adultos nos sucede igual: si un día nos ha resultado especialmente agotador y estamos demasiado estresados, el sueño tarda un rato en aparecer.

A decir verdad, el único problema que generan estas rotaciones nocturnas es que los niños se destapan sin darse cuenta y pueden tomar frío. Como los padres también están dormidos, no lo descubren hasta el día siguiente. Y entonces ya es demasiado tarde para ponerle remedio. Para evitarlo, podemos poner al bebé un pijama abrigado y arroparlo con un acolchado liviano, en vez de usar una manta gruesa. Así, aunque se mueva mucho y la colcha termine hecha un bollito, el pequeño no se resfriará.

Escrito por | 27 de junio de 2012 | 0 comentarios
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Cuando los niños se levantan dormidos

A partir de los cuatro años algunos niños sufren episodios de sonambulismo, esto es algo bastante común. Este comportamiento es frecuente, sobre todo,  en niños muy inquietos, en aquellos que duermen mal o que hablan, ríen y lloran entre sueños, por lo que debemos prestar atención a estas conductas.

No hay que preocuparse demasiado, porque durante estos paseos nocturnos rara vez se hacen daño. Parece ser que su percepción se mantiene despierta: abren puertas y esquivan obstáculos, bajan escaleras, pero lo hacen con ciertos cuidados, no es que pierdan completamente la noción de lo que hacen.

La mejor medicina es procurar tranquilizarlos durante el día, sobre todo antes de acostarlos y no hablar del asunto para que no se sientan protagonistas.

Si lo encontramos dormido pero levantado, no hay que despertarlo, sino conducirlo suavemente a la cama, hablándole con normalidad.

Escrito por | 18 de noviembre de 2011 | 0 comentarios
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¿Qué sueñan los bebés?

Mientras duerme, el bebé no se encuentra inactivo. Toda su energía vital la dedica a un importante trabajo cerebral que consiste en asimilar y vincular la información recibida durante el día. Este “proceso clasificatorio” es el que origina los sueños y tiene lugar durante una fase determinada: la llamada “fase de movimientos rápidos de los ojos” (REM).

Se sabe que los bebés pasan más horas en esta fase del sueño que los adultos. También se sabe que en esa etapa se produce una gran actividad cerebral, y que en ella participan zonas del cerebro distintas de las que intervienen en la vigilia.

Tenemos constancia de la existencia de sueños propiamente dichos entendidos como una sucesión de imágenes nítidas que tienen relación entre sí y en las que el niño se encuentra implicado a partir del segundo año de vida.

En torno a los 15 a 18 meses, el pequeño empieza a referir lo que ha “visto” al principio en forma confusa y mezclada con la realidad. Unicamente cuando ha adquirido el lenguaje existe evidencia de que sueña, lo que no significa que no lo haga meses antes, es probable que sueñe en el período fetal. De igual modo, hasta que no aprende a hablar no es posible saber en qué consisten sus ensoñaciones. Sin embargo, es lógico pensar que estén relacionadas con sus vivencias diurnas, con todo lo que ha aprendido y sentido durante el día.

En el segundo año de vida, son frecuentes las pesadillas. También sabemos que sólo a partir de los cinco años el niño es espectador de su sueño antes que actor.
A medida que crecemos, la duración, el valor y el interés que le otorgamos a los sueños se va reduciendo. Pero para los pequeños son muy importantes, hay que escucharlos y alentarlos a soñar, en todos los sentidos.

Escrito por | 27 de junio de 2010 | 0 comentarios
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Horas de sueño

Durante las primeras semanas: La inestabilidad caracteriza el sueño de los recién nacidos, incapaces de dormir durante un período de tiempo prolongado: cada 50 minutos cambian de una fase a otra, con intervalos de vigilia cada tres horas.

A los 6 meses: A esta edad las fases del sueño disminuyen en número, pero aumenta la duración del sueño profundo. Si la tranquilidad del entorno se lo permite, pueden dormir más de ocho horas sin interrupción.

De los 2 a los 6 años: En este período tienen dificultades para conciliar el sueño. Pero una vez que lo logran, pueden dormir profundamente hasta la mañana siguiente. Sueñan menos que los bebés y les molesta ser despertados.

Los adultos: Por extraño que pueda parecer, el sueño de los padres no tiene nada que envidiar al de sus bebés. Entre la 1 y las 6 de la madrugada, los adultos entran en una fase de sueño especialmente estable.

Escrito por | 8 de marzo de 2010 | 0 comentarios
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