Toxoplasmosis congénita

Para la mujer embarazada, la toxoplasmosis congénita suele ser leve y no evidente, sin embargo, el feto se expone a severos riesgos antes y después de nacer, entre ellos, muerte intrauterina, aborto espontáneo, secuelas neurologías (retardo mental) y pérdida parcial o total de la visión en los primeros veinte años de vida.

Se trata de una enfermedad causada por la infección del feto con un parásito llamado Toxoplasma gondii durante la gestación, como consecuencia de una infección de la madre. El parásito se halla en forma de quiste en los tejidos de los animales infectados o bien como quistes (que son eliminados en la materia fecales de los felinos). Por eso, las vías de contagio pueden ser digestiva, cuando se ingieren carnes crudas, o inhalatoria si hay un gato infectado en la casa.

Como la enfermedad es comúnmente asintomática en el adulto hay que realizar pruebas de laboratorio durante el embarazo. Las futuras madres, o aquéllas que planean serlo, pueden hacerse un examen serológico para determinar si corren el riesgo de sufrir toxoplasmosis, según la presencia o no de anticuerpos para toxoplasma en su sangre.

Hay que tener en cuenta que la detección de la infección primaria de la embarazada permite realizar un tratamiento que protege al bebé. Además, hay algunas pautas de prevención simples que pueden ser muy útiles:

  • No comer la carne cruda o mal cocida.
  • Lavarse las manos frecuentemente, sobre todo antes de comer.
  • Consumir frutas y verduras bien lavadas.
  • Evitar contacto con arenas o tierra, con a potenciales residuos de heces de felinos.
  • Si realiza tareas de jardinería utilizar guantes.
  • Al manipular carne cruda hacerlo con guantes y limpiar bien la superficie de trabajo.
  • Realizar el control serológico según las recomendaciones de su médico.

Escrito por | 10 de octubre de 2011 con 0 comentarios.
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